
La mayor envergadura azulgrana, eso sí, debería bastarle en situación normal. Es decir, que el signo parece más una cuestión del ánimo con que se empleen los de Spahija. Jugando a tope deberían sacar adelante esta velada. Pero es que cualquier compromiso en el claustrofóbico pabellón Darius and Girenas se abre a la ilógica. El Zalgiris, tierno cuando hace las maletas, se transforma al calor de sus incendiarios aficionados. Éstos, 5.000 según las estadísticas oficiales, abarrotan el graderío de madera y casi gastan tanta energía como los jugadores. Son el combustible adicional.
Saltan, vociferan, achuchan, increpan durante los cuarenta minutos a todo aquel que eluda el verde en su vestimenta... Muchos de ellos además, eufóricos a causa de la abusiva ingesta de alcohol, cuya venta está permitida en el interior del recinto. De hecho, los 'packs' con seis cervezas de medio litro se despachan a un ritmo vertiginoso antes, durante y después del encuentro.
Levantar el ánimo
Este clima tan particular convierte tan vetusta cancha en un horno del que la mayoría sale escaldado. ¿Será capaz el Baskonia de sortearlo? En Liubliana, donde la temperatura ambiental es mucho más tibia, ya dio una lección de entereza. Ahora, tras las decepciones labradas ante CSKA y iurbentia, precisa un giro de timón. En el desarrollo y en el desenlace. Más que nada para levantar el ánimo, propio y del entorno.
En los visitantes, Rakocevic -con molestias musculares- acapara el único lunar en el parte médico. Los locales, a su vez, deberán estrujarse el cerebro para cubrir la ausencia de Jankunas, su ala-pívot titular, reservado por un esguince de tobillo. El TAU, que empleó once horas en el traslado, intentará a partir de las 19.15 horas enmendar su mala racha.





