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«Pensé que perdía la mano»

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«Pensé que perdía la mano»
OPERADA. El proyectil le perforó la muñeca y se incrustó en el dedo índice. / PEDRO URRESTI
Oyó un leve silbido a su alrededor y apenas una décima de segundo después notó el impacto. A María Jesús B. A., la vecina de Abanto que el jueves resultó herida por el disparo fortuito de un cazador, todavía ayer no se le había quitado el «susto del cuerpo». «Estaba andando tan tranquila por el bidegorri de Ortuella cuando, de repente, noté un fuerte dolor», relata aún convaleciente en el Hospital de Cruces. Un proyectil le había alcanzado uno de sus dedos. «Miré hacia abajo y pensé que me había quedado sin mano», recuerda. Poco después, se desmayó.

Sus temores sólo se disiparon cuando horas más tarde comprobó en una radiografía que no le faltaba ninguna extremidad. Hasta ese momento, se había negado a recibir el diagnóstico de los médicos. «Les pedí que no me dijeran lo que tenía. Me daba miedo saberlo. Sólo quería que me quitaran el dolor». Finalmente, tuvo que ser operada de urgencia. Al parecer, una bala le había perforado la muñeca y se había incrustado en el dedo índice. Ahora, debe permanecer ingresada en el centro médico al menos ocho días. «Nos han dicho que hay riesgo de infección, pero no le quedarán secuelas», añade su marido.

El suceso se registró a las 8.50 horas. Como cada mañana, María Jesús y dos amigas partieron de Gallarta en dirección a Ortuella. De lunes a viernes, no perdonan el paseo matinal. Llueva o haga sol. En poco más de una hora, recorren cuatro kilómetros de distancia. Pero la tranquilidad del itinerario se ve perturbada con frecuencia por los cazadores que proliferan en el enclave en busca de tórtolas. Todos los días, sin excepción, se escuchan los disparos. «Por eso, hacía tiempo que teníamos miedo», explica la mujer. El comentario de las tres vecinas era siempre el mismo: «¿Qué cerca se oyen los tiros!». Y como si de una premonición se tratara, repitieron esta frase pocos minutos antes del incidente.

Y es que grupos de aficionados practican este deporte a escasos metros de los peatones y ciclistas. De hecho, en ocasiones es fácil avistar desde el propio bidegorri «cómo caen las palomas medio muertas». El camino, como quedó demostrado el jueves, no es «un lugar seguro». «Cada vez que vas allí te juegas la vida», sentencia la afectada, que está convencida de que ha vuelto «a nacer». «Yo sólo iba dando un paseo, no invadí ningún coto, pero si me llega a dar en otro sitio, no lo cuento».

-¿Volverá a esa zona?

-La verdad es que se me han quitado las ganas. Sólo regresaré cuando prohíban terminantemente la caza. Y llevaré un teléfono para llamar a la Ertzaintza en cuanto oiga un ruido.

Las restricciones están cada vez más cerca. El hecho de que la persona implicada en el suceso utilizara balas en vez de perdigones para capturar a su presa ha hecho saltar las alarmas en el Ayuntamiento de Ortuella. «Está claro que se trata de una infracción muy grave», reconoció el responsable de Medio Ambiente, Txemi Tejedor, que anunció que convocará una comisión urgente la próxima semana para estudiar este caso con el resto de los partidos políticos.

Investigación abierta

«Sabíamos que en el enclave de El Barracón se cazaba, pero no que se usaran este tipo de proyectiles», añadió el concejal. El Consistorio estudiará aumentar la vigilancia policial en el paraje y analizar si se respeta la normativa para el ejercicio de esta actividad. «Se cumplirán los decretos forales a rajatabla», advirtió el portavoz de EA.

Mientras, la Ertzaintza no ha podido localizar todavía al autor del disparo. Si bien los agentes identificaron a varios sospechosos en el lugar del incidente, se ha descartado su implicación en los hechos, ya que sus escopetas eran de perdigones. Ayer, la Policía autónoma interrogó como testigos a las dos amigas de María Jesús. También tienen en su poder la bala que hirió a la víctima y el plumífero que portaba en el momento del incidente, que quedó «agujereado».

La investigación continúa abierta. «Sólo esperamos que cojan al culpable para que no lo vuelva a hacer, porque ha cometido una imprudencia y, a veces, este tipo de cosas se pagan muy caro», confía el marido de la mujer herida.
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