Tampoco olvida la cocina vasca, y siempre que se acerca hasta Bilbao, no duda en comer un buen chuletón. Como Dios manda. «Ir a un restaurante o acercarse a un caserío, poder almorzar en el monte... Eso no se puede hacer aquí», añora.
Pero que nadie se equivoque, porque a Alberto le encanta la cocina venezolana. Y sus exquisitos platos. «Aquí, los restaurantes son exclusivos, pero muy económicos». Todo un lujazo. El plato típico del país latinoamericano que más le gusta, las arepas: una masa de harina que se rellena de jamón, pollo troceado o aguacates. «Lo sorprendente es que lo comen para el desayuno. ¿Aunque me encanta, no lo puedo preparar todos los días, porque si no acabaría gordísimo!», bromea.









