
EVOLUCIÓN
«La racha máxima de viento alcanzó los 130 kilómetros por hora y se registró sobre las dos de la madrugada en Matxitxako. Después, en mucho momentos se mantuvo en 120 -señaló Manjón-. Este viento intenso, unido al mar de fondo, formó olas que en la boya de Bilbao, ubicada a 20 millas del Puerto, tuvieron una altura media de 11,6 metros». Este esbozo meteorológico se tradujo en múltiples destrozos en localidades costeras desde Bermeo a Castro Urdiales.
La comarca de Busturialdea fue la más castigada, en especial Bermeo. La marejada, con olas de hasta once metros, se llevó por delante unos 70 metros de la sección superior del rompeolas de la villa marinera, así como la baliza de señalización de la bocana. Falta por evaluar, además, si el manto de bloques de protección del dique también se ha visto afectado. El envite del mar derribó también otros quince metros de pretil en el muelle de Frantxua. «En los últimos once años no he conocido nada igual», afirmó un veterano arrantzale de la localidad. El departamento de Transportes y Obras Públicas del Gobierno vasco tiene previsto retirar, en cuanto mejoren las condiciones meteorológicas, los cascotes de hormigón caídos en la bocana del puerto, ya que podrían obstaculizar la entrada y salida de los buques.
«Es prematuro hacer una valoración de los daños, pero la reparación del rompeolas será costosa, tanto en tiempo como en presupuesto. Las obras se acometerán una vez pasados los temporales invernales», apuntaron desde el Ejecutivo autónomo. Asimismo, una decena de embarcaciones que se encontraban en dos pantalanes del puerto deportivo sufrieron importantes daños.
En Mundaka y Armintza también se registró el hundimiento de varias embarcaciones, mientras que en Ondarroa, Lekeitio y Elantxobe se contabilizaron desperfectos en amarres y pantalanes. En esta última localidad, además, el oleaje se cebó con el club de remo, que vio cómo quedaban destrozadas dos de sus traineras, un batel y la furgoneta de la entidad. En Bakio, por su parte, el temporal movió varios vehículos estacionados en el puerto y el centro de talasoterapia que se encuentra en construcción sufrió daños. Además, un rayo causó un pequeño incendio en Gernika, en una casa de la calle Industria.
La Margen Derecha también amaneció ayer con numerosos destrozos después de que el agua sobrepasase durante la noche los murallones de los puertos y paseos marítimos, y dejase las playas llenas de ramas, troncos y desperdicios. Las olas, de más de 7 metros, multiplicaron los problemas al arrastrar arena y las piedras con cada golpe de mar. Eso obligó a cerrar algunas zonas de paseo, como la del faro del puerto de Algorta, «para evitar accidentes», explicó el responsable de Protección Civil de Getxo, Iñaki González.
Coches arrastrados
El acuario de esta localidad también sufrió las consecuencias del mal tiempo y amaneció inundado. «Había muchas piedras acumuladas en los cristales, pero no hemos sufrido ni una rotura», comentó un responsable de estas instalaciones, situadas en el Puerto Deportivo de Getxo. Además, cerca de los acantilados de Barrika, el vendaval arrastró el andamio colocado para trabajar en la fachada de un chalé. «Ha sido espectacular», comentó un vecino. El oleaje también arrancó la barandilla del paseo de la playa de Arrietara y muchas de las losetas de esta área peatonal.
La furia del temporal también se dejó sentir en la costa cántabra. En Castro, el oleaje arrasó 70 metros de balaustrada en el paseo de Brazomar y arrancó bancos y baldosas. De hecho, el vial fue cortado durante toda la jornada. En el puerto, los pescadores se afanaban ayer en reflotar un docena de embarcaciones volcadas.
Las inmensas olas también inundaron la zona de El Pedregal, causando daños a ocho vehículos. Uno de ellos se despeñó y acabó volcado sobre las rocas. En la misma zona, se inundaron varios garajes, comercios y bajos. El pabellón de actividades náuticas también quedó destrozado, con la devastación de puertas de acceso, cuatro bateles, dos traineras, trainerillas y material de buceo del club de submarinistas. Asimismo, las olas rompieron dos ventanales del hotel Miramar e inundó de arena y agua su terraza.
En Mioño los daños materiales también fueron cuantiosos. El entorno de la playa de Dícido estaba ayer arrasado. Literalmente. El mar se llevó la pasarela del arenal. Además, varias casas se inundaron. Los bomberos, que efectuaron catorce salidas en apenas doce horas, rescataron a una madre y sus dos hijas, que quedaron atrapadas en su vivienda a las tres de la mañana. El coche estaba empotrado en la puerta y cortaba la salida. Y el primer piso de su chalé se había inundado completamente. «Pasamos mucho miedo: el mar no rugía, aullaba. Se fue la luz y el agua nos arrastró. Nos hemos llevado muchos golpes y cortes», relataron ayer aún conmocionadas María Ascensión Yarza y su hermana Ana.






