Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

null

Estás en: El Correo Digital > Local
VIZCAYA
Explosiones a tiro de piedra
Un pedrusco sale disparado de las voladuras para construir una urbanización en Artazu Goikoa y revienta la ventana de una casa situada a 50 metros de las obras

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Explosiones a tiro de piedra
SUSTO. José Martínez muestra la piedra que se abrió camino a través de la ventana. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
El reloj apenas marcaba las once y media de la mañana de ayer cuando Obdulia Cabarcos, vecina del número 1 de Camino Artazu, en el bilbaíno barrio de Rekalde, salió al balcón de su casa a coger unas patatas para hacer la comida. Era un día como otro cualquiera. Hasta que una voladura proveniente de las obras de la futura urbanización residencial de las faldas del Pagasarri, situadas a unos 50 metros del edificio, la dejó sin aliento. El susto no fue por el ruido. La explosión lanzó varias rocas al aire y una de ellas acabó en el suelo de su cocina.

«Se llevó por delante una camiseta que tenía tendida en el colgador y entró en la vivienda. Menos mal que yo estaba agachada en la otra esquina», describía ayer la mujer, todavía con el susto en el cuerpo. La piedra, algo más grande que un puño y con un peso aproximado de un kilo, impactó contra la puerta del balcón, resquebrajando por completo el doble cristal. «Sentí que me estallaban los oídos», añade. Obdulia estaba en ese momento sola en casa. Su marido, José Martínez, había salido a dar un paseo. «No sabía qué hacer, le grité desde casa a uno de los obreros, pero no me hizo caso, así que llamé a la Policía Municipal», relata la mujer. El matrimonio lleva 34 años viviendo en el barrio y nunca les había pasado algo así. «Y doy gracias que, al fin y al cabo, no ha pasado nada grave», comenta Obdulia. Ambos se quedaban ayer al cuidado de sus nietos, aunque por fortuna no habían llegado cuando ocurrió todo. Uno de los pequeños tiene sólo año y medio y persigue a su abuela por cada rincón. «Si hubiese venido, seguro que habría estado junto a la puerta. Me lo podía haber matado», comenta.

Menos carga

Cuando José llegó a casa no podía creerse lo que estaba viendo. El pedrusco continuaba en el suelo y la cocina estaba repleta de cristales. «Yo he sido testigo de cómo entraba la roca. Cuando la vi volando, pensé que iba directa a mi casa», le confesó José Manuel Ayesta, su vecino del cuarto. «Estas cosas pasan porque le ponen más carga explosiva de la que deberían. Si colocasen la justa, ibas a ver cómo no afectaba a los edificios», reflexionaba José, mientras sujetaba el comunicado con el que la empresa avisa a los vecinos de la hora de las voladuras. Por ahora, su seguro se hará cargo de colocar un cristal nuevo. «Luego, ya se arreglarán con la empresa», apunta Obdulia.

Éste no es, sin embargo, el único incidente derivado de las explosiones. Pequeños fragmentos de roca alcanzaron hace varios meses el tejado de un caserío cercano a los tres edificios de viviendas afectados ayer, y un vecino del tercer portal se las vio y deseó para quitar el barro que quedó incrustado en sus ventanas. «Menos mal que tenía las persianas bajadas», dice.

Fuentes de la UTE responsable de los trabajos aseguraron ayer desconocer lo ocurrido en casa de Obdulia y José, si bien quisieron dejar claro que, pese a que «pueden ocurrir estas cosas por cuestiones del terreno, las voladuras están controladas».
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS