
La exposición, que se inaugura mañana a las 20 horas, podrá admirarse hasta el 12 de enero, de martes a sábado entre las 19 y las 21 horas. En esta ocasión, con novedad incluida. Y es que la pintora ha cambiado sus clásicos acrílicos por una docena de óleos, alguno de ellos de gran formato.
El cambio, lejos de resultar complicado, ha supuesto una gran satisfacción para la artista vitoriana. «Con el óleo, las texturas son más vivas, más de la tierra, tienen otra calidad y aporta una naturalidad mayor. En cambio, para obtener un mismo fondo, con el acrílico hay que trabajárselo mucho más», revela.
Lo que permanece es su amplia gama de rojos, verdes, naranjas y amarillos. Tonos cálidos e intensos que ofrecen una composición «más orgánica», complemento perfecto a su predilección personal por la abstracción.
Proceso «intuitivo»
Eso sí, asegura que para esta muestra «me he dejado llevar bastante, antes era más racional, pensaba más en las composiciones y ahora el proceso resulta intuitivo». Toda una innovación que continuará en sus futuros trabajos.
En ellos también ahondará en los lienzos de gran tamaño. «Era lo que me faltaba por hacer, pero los prefiero porque al ser de mayor formato me permiten expresarme de una manera más libre y con más fluidez. Los pequeños comprimen más y no te explayas tanto», recalca.







