Pero ni este juego necrófilo y macabro de fiambres metidos en la chistera y aptos para desaparecer, ha podido impedir que se haga presente la enorme fuerza de Al-Qaida en Oriente Próximo y en particular en el Magreb. Lo que se ha dado por interpretar como un cambio de escenario iraquí, habida cuenta de la reducción de los atentados en los últimos tiempos, coronó ayer el fino olfato con casi tres atentados, casi simultáneos, con el llenado y vaciado de fosas. El mismo día en que EE UU (que por su tradición india donde pone el ojo pone la flecha), se disponía a iniciar una campaña laudatoria de la seguridad consolidada en la zona y la eficacia de los servicios de información iraquíes una vez se han hecho cargo de la seguridad en la zona. Considerando que de esa imagen depende que las tropas salgan corriendo o no del avispero, resulta de lo más prometedor que los terribles atentados de Amara se hayan producido a los pocos días de que los británicos cedieran sus trabajos a las autoridades iraquíes de aquella ciudad y a las pocas horas de que vayan a hacerlo en Basora. Pero los terroristas de Bin Laden no parecen dispuestos a mostrarse sensibles al hecho de la cercanía de las elecciones en EE UU y a la necesidad imperativa de enseñar a los electores la intención de que los 'chicos' vuelvan cuanto antes a casa.
Y si lo de Irak es puntería militar, la política ha encontrado su expresión en otra explosión tremebunda en Beirut, cerca esta vez del domicilio, del general François Hajj, llamado a tomar el relevo al frente del Ejército libanés de Michel Sleiman caso de que este acceda a la presidencia de Líbano y artífice de la victoria contra los terroristas del campo palestino de Nahr al-Bared. Lástima que no sean los integristas islámicos los encargados de administrar las altas responsabilidades de seguridad en Oriente Próximo: disponen de una excelente información.







