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DE CUANDO EN CUANDO
Para cadena!
13.12.07 -

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Termino hoy mis recuerdos fluviales con una anécdota referida al gremio de los raqueros, que también ha desaparecido de nuestra ría; y en este caso, afortunadamente. El diccionario define al raquero como persona que hurta en puertos y costas, pero me atrevo a decir que la definición no está completa, porque debería incluir las rías navegables, donde también abundan.

El hecho que voy a contarles ocurrió en un barco atracado en la ría y me la contó un viejo amigo de mis días escolares, y buen dibujante, que tenía su estudio junto con otros dos amigos suyos, en la calle Arbieto esquina Diputación, que fue el primer edificio de oficinas que se construyó en nuestra villa. Algún día les contaré una graciosa anécdota (aunque a su protagonista no le hizo mucha gracia) ocurrida en dicho edificio. Hoy estamos en la ría, y allí volvemos.

En aquellos años cuarenta en que todo se aprovechaba y la venta de hierro y metales producía pingües beneficios al gremio de la rapiña, dos raqueros fluviales se pusieron de acuerdo para llevarse una tentadora cadena de gruesos eslabones (tentadora por el peso del hierro) que uno de ellos había visto en la cubierta de un barco atracado en los muelles. Para ello dispusieron de un bote y una noche, remando silenciosamente, llegaron hasta el costado del buque. Uno de los raqueros trepó a su cubierta y el otro esperó en el bote arrimado al casco. El de arriba, trabajando con el menor ruido posible en el montón que formaba la cadena, buscó el extremo y la fue dejando caer metro a metro desde la cubierta hasta el bote.

El encargado del suministro desde cubierta siguió soltando hierro hasta que, de pronto, oyó unos gritos que le daba su compinche desde el bote. Eran unas voces que no acababa de entender del todo, pero que sonaban con tono angustioso: «¿¿Para cadena!! ¿¿Para cadenaaa...!!». ¿Qué había ocurrido? Pues, sencillamente, que el peso de la cadena rebasó la capacidad de carga del pequeño bote y cuando el raquero de cubierta se asomó a la borda, entre luces y sombras vio que el bote se había hundido por exceso de carga y su compañero nadaba en busca de la orilla.

He aquí un chiste hecho realidad. Porque eso mismo, exactamente, lo había dibujado yo en una historieta de Don Celes.
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