
-¿De qué habla su participación en el libro que conmemora el treinta aniversario de la reapertura del Ateneo?
-En mis páginas recuerdo la mañana en que José Díaz y Luis Rosell se presentaron en mi despacho a contarme la idea de resucitar el Ateneo, que llevaba 39 años cerrado. Eran momentos políticos muy delicados porque había sido clausurado y expropiado por la Falange durante la guerra civil y resucitar una institución como ésta podía levantar ampollas. Era el año 77 y no se sabía muy bien en qué iba a acabar todo. Se relacionaba al Ateneo con la izquierda porque la derecha no había querido acercarse a él. En la cultura no caben ideologías. Toda mi vida he querido pintar un arco iris enorme en el arco de la puerta para poder entrar al Ateneo mirando bien hacia arriba, disfrutando de los colores y de la libertad.
-¿Recuerda el cierre del antiguo Ateneo en el año 1936, cuando se declaró la guerra civil?
-Mi padre era secretario del Ayuntamiento y yo nací allí, en un pisito que teníamos en la planta de arriba. Más logroñés que yo, no hay nadie. El caso es que recuerdo de niño ver desde la ventana de mi casa cómo tiraban a la calle los libros de la biblioteca del Ateneo y cómo los quemaban. Puedo asegurar que, al final, el Ateneo resurgió como el Ave Fénix, de esas cenizas de libros quemados. Yo vi con estos ojos cómo cerraban la sede en el año 1936. Y luego lo vi renacer en todo su esplendor en el 77.
-Me imagino que fue un camino difícil de recorrer.
-Eran unos tiempos complejos políticamente. Tuvimos que hacer varios viajes a Madrid para reunirnos con el entonces ministro de Cultura, Pío Cabanillas. A él le preocupaba mucho la independencia ideológica del Ateneo, por el momento histórico que se estaba viviendo en España. Era muy insistente y analizaba con lupa el artículo primero de los estatutos de la institución que hacía referencia a ese punto ideológico. Preguntaba constantemente '¿quién me garantiza a mí la independencia ideológica de este Ateneo?'. Lo preguntó varias veces hasta que yo me cansé y le dije '¿Cojones! ¿Yo se lo garantizo, que soy el que ha escrito los estatutos!'
-Usted también fue presidente de la institución cultural riojana durante un tiempo.
-Creo que fueron unos dos o tres años. Sí, pero no lo recuerdo exactamente. Yo ya estoy jugando el tiempo de descuento y sólo mido el tiempo por décadas (risas). Lo que sí quiero destacar es que tanto Rosa (Herreros) como María José (Marrodán) han hecho una labor increíble como presidentas. Cuando refundamos el Ateneo era impensable que una mujer dirigiese una institución cultural como ésta y, sin embargo, ellas lo consiguieron años después, haciéndolo además mucho mejor de lo que cualquiera de nosotros hubiera sido capaz.
-¿Sigue acudiendo a los actos culturales que se organizan habitualmente en la sede de Muro de Cervantes?
-Convivo con mis limitaciones y soy muy amigo de ellas, pero a mis 82 años me cuesta un esfuerzo terrible subir las escaleras del Ateneo. Así que sólo me permito el lujo de ir a algunas de las cosas que se hacen aunque sigo muy de cerca la amplia programación que se desarrolla a lo largo de todo el año. Por supuesto que mañana estaré en la presentación del libro.







