
«Hemos estado fortaleciéndoles en una zona de cuarentena antes de llevarles a la exposición», explicó ayer el director del acuario de Getxo, Javier Sainz. Se trataba de que estuvieran tranquilos, lejos de compañeros con el estómago vacío o de cualquier amenaza externa. Incluso las rocas pueden ser mortales para estos temidos ejemplares. «Muchos de los que nacen en el mar mueren en pocos días porque tienen la piel tan débil que con cualquier roce se les puede romper. Aquí les tenemos en peceras con grava para que tengan un lecho cómodo en el que posar la panza», describió el director del centro. Los cuidados han surtido efecto porque al nacer no midieron más de 15 centímetros y ahora rondan los 22. «Son como un llavero, pero cuando crecen tienen muy mala leche», bromeó Sainz.
A bautizarlos
Junto al crecimiento de los tres escualos, estos días es posible ver en Getxo la formación de un tiburón antes de nacer. Otros dos hermanos están a punto de romper el cascarón y el material que compone los huevos permite distinguir a contraluz el proceso prenatal. La madre de estos cinco tiburones vive en el acuario de San Sebastián y los huevos llegaron a Getxo en mayo. Normalmente, son los propios pescadores los que llevan las huevas a centros marinos, al encontrarlos entre sus redes cuando hacen arrastres. «La momarra es una especie muy común en el Cantábrico y se pesca mucho, por ejemplo, en la zona de Ondarroa», detalló Sainz.
La intención de los responsables del acuario es que sus cinco nuevos inquilinos se queden en Getxo para el resto de sus días. «Si alcanzasen tal tamaño que nuestros filtros no pudieran soportarlo, los enviaríamos a otros centros. Los intercambios son constantes», explican. De hecho, el centro getxotarra quiere sumar nuevas especies a su exposición con este método. De momento, ninguno de los tiburones tiene nombre y los gestores quieren implicar a los más pequeños en esta labor. «Estamos pensando en hacer un concurso para que los niños les bauticen».





