
'Chusky' estuvo de monitor en la escuela de esquí de Formigal durante cuatro años, en los que compartió anécdotas y buen humor con otro de los profesores, Madaleno, que tampoco podía asimilar la pérdida: «Últimamente se le veía tan contento,estaba feliz con una chica de Zaragoza con la que había empezado a salir y también con el coche que acababa de comprarse. Antes estuvo trabajando en el bar Búho's, en el pueblo. Era un chico muy guapo, muy ligón, yo no me creo todavía lo que ha pasado, estaba siempre trabajando. Enseñó a muchos chavales» En los últimos tiempos, 'Chusky' había diseñado la campaña 'Un gorro, una ilusión' con la que la estación de Formigal trataba de acercar la nieve a niños enfermos de cáncer de toda España.
A la espera de que llegara al hospital la familia del donostiarra Daniel Osambela, algunos de sus amigos, muy afectados, trataban de consolarse. Comentaban que el joven, electricista de profesión, acudía desde pequeño a Formigal. «Le encantaba la nieve y ayer estaba esquiando con un grupo de gente con la que suele juntarse. Gente de Zaragoza, de San Sebastián, un trabajador de la estación... Iban seis y les ha debido pillar. No sé más. A los que iban con ellos les han estado preguntando, pero yo no sé. Ahora ellos están en Formigal, porque todos tenían piso allí. Pero yo ni siquiera les he preguntado lo que ha podido pasar, están destrozados».
Cerca de allí estaba el presidente de la Federación Guipuzcoana de Deportes de Invierno, Jesús Fernández Mata, amigo del padre de Daniel. A las tres de la tarde se enteró de que había dos chicos vascos fallecidos en Formigal y se llevó «un susto enorme». «Primero, porque tengo dos hijos que estaban allí y pensé que eran ellos. Y después, desgraciadamente, porque aunque no son mis hijos, uno es el de un amigo mío. El padre también es electricista, le estoy esperando, aún no he podido hablar con él, menuda papeleta. Qué triste». Como conocedor de la montaña, explicaba que «es imposible prohibir a nadie bajar fuera de pistas, lo que hay que hacer es prevenir el accidente, que se sepa el tiempo que va a hacer, el riesgo de aludes... La montaña no deja de ser un medio hostil y un cambio de temperaturas o cualquier otra cosa puede traer consecuencias terribles».
Al tanatorio llegaron también los tíos del vitoriano Íñigo Zurita. Mientras esperaban a sus padres, tanto sólo acertaron a decir que su sobrino había sido desde siempre un amante de la nieve.







