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SU HISTORIA
«Terminé mis estudios en San Sebastián y luego me vine casi de rebote», rememora desde Santa Cruz, apenas sin tiempo de deshacer las maletas tras haber pasado la Navidad en casa. Antes de dar el paso que habría de marcar su proyecto de vida se involucró activamente en el mercado laboral, primero en una tienda de deportes y luego ya con ocupaciones relacionadas con su profesión de diseñadora gráfica en una empresa de Elgoibar y, después, en una imprenta de Ermua.
«Me gustaba el fútbol y quería hacer un curso para obtener el carnet de entrenadora en categoría juvenil. Me decidí a ello coincidiendo con que se me terminó el contrato y que en Tenerife había uno que duraba los mismos meses que me correspondían de cobrar el paro», expone Nerea, echando la vista atrás. «Cuando acabó volví a la imprenta de Ermua, pero la gente me animaba a seguir adelante y sacarme el carnet de categoría regional y me vine de nuevo, ya con expectativas de quedarme durante más tiempo». Al cabo de un tiempo hizo realidad su objetivo, convirtiéndose en la primera mujer que alcanzó en Canarias el título de entrenadora nacional de fútbol.
Llegó el momento de determinar qué hacer y ella no lo dudó. «Me habían quedado cosas pendientes y decidí quedarme un año más, también para conocer la isla, porque en tres años apenas pude hacerlo, ya que me tocó estudiar mucho y también trabajé durante ese tiempo para pagar el curso, que era bastante caro». «Pero la verdad -confiesa- es que cada vez me sentía más a gusto y así, casi sin darme cuenta, han pasado 7 años desde que llegué por vez primera». En ese periodo retomó el fútbol y se aficionó a «un montón de deportes de mar», de tal manera que la decisión cayó por su propio peso. «Es que me lo pasé tan bien que dije: ahora me quedo».
Profesionalmente tampoco desperdició el tiempo. «Estuve cuatro años en una imprenta y allí coincidí con una chica argentina, Viviana. Mientras desayunábamos siempre nos ilusionábamos con hacer algo por nuestra cuenta y en marzo de 2007 nos animamos a poner nuestro propio estudio de diseño gráfico, aprovechando la ayuda que nos ofreció el gobierno canario», explica. Camino aún del primer año, el balance es positivo. «Va bien, aprendiendo un poco de todo y cada vez más asentadas», se complace, feliz de su universo particular. «Estoy bien. Tengo mi empresa, además suelo salir aquí con un grupito de chicos de Euskadi y hasta estamos pensando en abrir una sociedad, adaptando la isla a nosotros», sonríe.
El clima canario
Nerea resuelve sobre la atracción que ejerce en ella Tenerife que «todo está en el clima», porque lo que prioriza es que «se vive mucho en la calle, incluso entre semana, y se disfruta más el día a día, porque el solecito invita a salir y también a hacer deporte». «La gente se cree -dice- que estás todo el tiempo de vacaciones, pero no es consciente de que trabajas las mismas horas, o incluso más. La diferencia es que mientras luego ellos igual se quedan en casa yo me voy a darme un baño a la playa o me quedo hasta la medianoche en la calle muy a gusto».
Acude a Elgoibar por Navidad, pero también en verano y de vez en cuando «para bodas o bautizos». Además recibe la visita de familiares y amigos. «Al principio lo llevas peor, pero luego te haces a ello. Hoy en día está el teléfono y no es tanto, porque en el fondo si quiero cojo un avión y en tres horas estoy ahí», apunta.
«Se echan muchas cosas de menos -se sincera-, pero sobre todo la gente, su forma de ser. Sin duda alguna me quedo con la de ahí». Lo primero que hace cada vez que regresa a Elgoibar es «comer un pintxo». Da igual de lo que sea. «Aquí encuentras bares de tapas, pero no es lo mismo, porque además si pides un vino enseguida te sacan la botella entera. Por eso, de las primeras cosas que hago cuando llego es comerme un pintxo y beber un 'crianza'».
Al día de hoy no contempla un cambio en su vida. «Soy joven y valoro aspectos como estar en la calle y hacer deporte, pero igual con más edad sí me veo de nuevo en Euskadi, aunque mi idea es poder combinar temporadas aquí y allí, ya que por suerte mi trabajo me lo permite».





