Pero como los bañistas, además de tomar las aguas medicinales, tenían otras necesidades vitales como pueden ser la alimentación y el descanso, existía frente a la casa de baños una acreditada fonda regentada por un señor llamado Manuel Arámburu. El señor Arámburu, que conocía sin duda el valor de la publicidad porque habría visto el ejemplo de las gallinas cada vez que ponen un huevo (me refiero al cacareo), decidió imitar a dichas aves. No en lo de poner huevos, naturalmente, pero sí en lo del cacareo, dicho sea con todos los respetos.
De acuerdo con este criterio, en el mismo periódico en el que aparecía la gacetilla de los baños de Elorrio se publicaba un anuncio que decía así: 'Fonda de Manuel Arámburu. Frente a los baños de Elorrio. Se ofrece a los Sres. bañistas un esmerado trato, así como una confortable mesa'. A continuación del buen servicio, ofrecía los menús. Ahora van a leer ustedes lo que Arámburu, con esmerado trato y en confortables mesas, ofrecía a los bañistas. Oído al parche: 'Servicio desayuno: café o chocolate. Al mediodía: Sopa, dos cocidos, tres platos y tres postres. Cena: Ensalada, dos platos y dos postres. Precios, incluyendo las habitaciones, mesa y servicios, 20 reales en primera y 16 en segunda'.
En aquellos tiempos en los que aún no se conocía la inflación (¿dichosos ellos!) los precios solían expresarse en reales y no en pesetas. Sin duda para engatusar a la clientela entendiendo que resultaba más atractivo decir 20 reales que decir 5 pesetas. Es lo mismo que se hace ahora escribiendo 49,99 euros, en vez de escribir 50. Los tiempos cambian, las mañas no.





