
-¿Recuerda el inicio de las obras hace 20 años?
-En aquel momento no éramos conscientes de lo que iba a ser el metro como hoy lo podemos ver. Parecía más una actuación puntual en una estación, aligerar el tráfico en un municipio dividido por la mitad. Era una actuación importante que marcaba el inicio de las obras del metro, pero no éramos conscientes, ni los ciudadanos ni los que estábamos metidos en el tema, de lo que iba a ser. De todas formas, el inicio más claro fue el comienzo de las obras en el centro, en la plaza Moyua.
-¿Cómo ha vivido la evolución del proyecto?
-11 meses, 11 días y 11 horas antes de que arrancara estábamos seis personas involucradas. La idea de cómo iba a ser la empresa se gestó en muy poco tiempo, porque en esos 11 meses tuvimos a 425 personas funcionando. Hombre, como es lógico, no lo hicimos 100% bien desde el principio, nos perdonaron muchos detalles. Pero empezamos a demostrar, creo, que el transporte público puede ser competitivo frente al vehículo privado. Para mí fue un orgullo haber estado desde el principio y haber conseguido poner un transporte público al nivel de nuestro competidor, que no son los autobuses o los taxis, sino el vehículo privado. No somos los padres del metro los que estuvimos al principio, sino que ha sido posible gracias a que hubo mucha gente ilusionada. Dos culturas que se fundieron en el arranque: 286 que proveníamos de Euskotren, de la cultura ferroviaria tradicional, y 139 de lo mejor del mercado, que desconocían la teoría ferroviaria.
-¿Cuál es el futuro del metro?
-No hay más que mirar las ciudades que van por delante. Es una obra imparable, una obra que no acaba. Los ciudadanos reclaman movilidad, libertad... Seguiremos pidiendo un medio de transporte acorde a las exigencias de la gente. Eso hará que las autoridades tengan que seguir construyendo más metro y favoreciendo esa movilidad.





