
Esta escena se repitió ayer en cada uno de los diez hospitales y residencias de Vitoria que Sus Majestades recorrieron tras una noche de duro trabajo repartiendo millones de regalos. En lugar de descansar, los monarcas decidieron hacer un último esfuerzo acompañados de su impresionante séquito. El periplo, rodeado de música y gritos de emoción, provocó caras de sorpresa, sonrisas y muchos nervios.
No era para menos. En la Policlínica San José, los padres desenfundaban la cámara de fotos -la digital o la del móvil- para inmortalizar el mágico momento. Melchor, Gaspar y Baltasar aparecían por los pasillos. «¿Ya vienen, ya vienen! ¿Qué nervios!», gritaban a los más pequeños. Mientras tanto, los acordeones comenzaban a tocar villancicos y los pajes repartían caramelos.
Entre la decena de brazos que exigían la atención de Melchor, June consiguió darle un fugaz abrazo. Sin embargo, tanta atención la asustó un poco y las lágrimas no tardaron en desbordar de sus ojos.
A quien la visita de Gaspar arrancó una sincera sonrisa fue a Abd, de 28 años. Un accidente había obligado al joven a pasar un mes y cinco días, primero en el hospital de Santiago, y después en la Policlínica. «Lo necesitaba porque estas sorpresas son muy importantes y te devuelven la alegría», decía emocionado.
En el recibidor del centro hospitalario, Diego García buscaba a su Rey Mago favorito por los pasillos. «Me gusta Melchor», informaba a quien pasara a su lado.
Sus abuelos, Rosa y José Antonio, bajaban con él al segundo piso en el ascensor siguiendo la estela real del mago de las barbas blancas. «Trabajaba como auxiliar en la Policlínica y me he jubilado. Este es el único año que no recibo a los Reyes con el uniforme. Hoy, no he podido evitar venir», contaba Rosa.
En Txagorritxu
Una estampa similar se dibujó en el hospital de Txagorritxu una hora después del mediodía, cuando los flashes volvieron a brillar.
Sin saberlo, una dormida Naiara se topó con Melchor, Gaspar y Baltasar. Acurrucada en su cuna móvil, sus padres la llevaban a su nuevo hogar. «Ha sido casual. No esperábamos que vinieran. La verdad es que después de tres días aquí, ya tengo ganas de irme a casa», reconocía Begoña, la madre de la criatura.
En el Aula Escolar de Txagorritxu los hijos de las empleadas se preparaban para la llegada del séquito real. Tuvieron que esperar muy poco porque en seguida comenzaron a sonar las notas de los acordeones y comenzó el reparto de regalos.
La música se trasladó al cuarto de Joel, a quien una neumonía había impedido disfrutar de las vacaciones navideñas. Una hormiga de colores colgada en la puerta de su habitación saludaba a los Reyes Magos, que sorprendieron al joven jugando con su nuevo juego de Pressing Catch. «Vaya, vaya... No te va a dar tiempo a disfrutar de todos los regalos», comentaba Gaspar.
Joel no decía nada. No se esperaba que los Reyes Magos en persona fuesen a visitarle al hospital. Ese fue el mejor regalo que pudo tener. Además, el séquito real le traía otra sorpresa: pronto regresaría a casa y volvería a ver a todos sus amigos.









