
El colapso se fue extendiendo poco a poco hacia el puente de Rontegi, la Avanzada y el corredor del Txorierri, por un lado, y otras carreteras alternativas, por el otro. Algunos conductores pensaron en una solución: cruzar el Puente Colgante hacia Las Arenas para eludir el paso por Barakaldo, pero la idea se le ocurrió a muchos. A media tarde la cola de vehículos para cruzar por el transbordador sobre la ría llegaba a Santurtzi.
También afectó el atasco a los autobuses, en especial a los que se dirigían hacia Castro Urdiales, que salen cada media hora. Alrededor de 150 «crispados» viajeros tuvieron que soportar un considerable retraso en la Termibús en Bilbao. «Esto es una ratonera», describían de forma gráfica. Protestaban también por la falta de información, que sólo les llegó a través de un megáfono. «Llevamos aquí casi una hora y nos han prometido que iban a poner tres autobuses pero sólo ha llegado uno y se ha llenado».
«Llegar a casa»
Además, el autocar Bilbao-Castro para también en Barakaldo, donde recoge numerosos viajeros. «Estamos hartos de la A-8, sólo queremos llegar a casa después de un duro día de trabajo y encima nadie nos dice nada ni nos dan alternativa. ¿A qué hora vamos a llegar hoy a casa?», protestaba Mónica Icaza en la estación de autobuses.
A las nueve y media de la noche, cinco horas después de registrarse el accidente, dos grúas de gran tonelaje trabajaban en el lugar del accidente. Mientras una intentaba levantar la hormigonera para ponerla en pie, la otra esperaba para remolcarla y retirarla de mitad de la vía. A partir de las diez, los dos sentidos quedaron libres, la afluencia circulatoria disminuyó y las retenciones desaparecieron.





