Una familia de Deusto ha perdido a su marido y padre de una manera tan absurda como imprevisible e injusta: aplastado por la hormigonera que conducía un tipo sin conciencia, atiborrado de estupefacientes que le convirtieron a él y la hormigonera que conducía en una bomba de relojería.
Sólo hacía falta tiempo y lo tuvo. Fue dando tumbos por la A-8, amenazando un tráfico que a las horas en las que sucedió todo, las primeras de la tarde, era muy denso. La escena debió de recordarles a la película que nos descubrió a Steven Spielberg en 1971, 'Duel', absurdamente traducida aquí como 'El Diablo sobre Ruedas': cruzaba en diagonal los carriles de la autovía, con una cierta querencia por el exterior, el de los rápidos, que parece una particularidad de esa carretera cuando está sobrecargada: por el carril de los lentos se llega antes, porque todo el mundo se tira al de la derecha. A lo largo de los últimos kilómetros habían sido varios los conductores que llamaron al teléfono 112 para dar cuenta de que un vehículo iba dando bandazos por la A-8 sin control.
El conductor de la hormigonera no llegó nunca a su destino. Lo más lamentable es que su víctima, que no había hecho nada para poner en riesgo su vida, tampoco llegó y ya no podrá llegar nunca más a ningún sitio. Se acababa de cumplir un mes de la entrada en vigor de la reforma del Código Penal que implica penas de cárcel para quienes conduzcan bajo la influencia del alcohol o sustancias alucinógenas. Es de esperar que en este caso se aplique con carácter ejemplarizante.





