
Sobre la demanda interpuesta por Nagel, el mandatario zornotzarra explicó que «deben primar los intereses generales de un pueblo» y de ahí que decidieran desestimar su petición para que el Ayuntamiento declarara la escultura «inamovible». «Yo no le puedo garantizar que vaya a estar siempre ahí porque, entre otros motivos, hipotecaría de por vida a las futuras corporaciones. Eso sí -agregó Latxaga- también aseguro que nunca tomaríamos una decisión como la de trasladar su obra sin consultar previamente con él, porque es un artista que merece todos nuestros respetos».
«Con cariño»
Pese al estupor que la obra suscitó inicialmente, tanto por su estética, como por su coste (30 millones de las antiguas pesetas), 'la patata' se ha convertido en una seña de identidad de la que los zornotzarras empiezan a sentirse orgullosos. «Para nosotros es ya algo nuestro, le hemos cogido cariño y no concebiríamos esa rotonda sin la escultura», reconoció ayer Marta Leguina, presidenta de la asociación de comerciantes.
Similar impresión tiene Marian Intxausti, de la plataforma vecinal que se opone al proyecto de reordenación de las calles más céntricas que, curiosamente, es el que podría provocar el traslado de la escultura a otro emplazamiento. «Al principio a todo el mundo le parecía horrible, pero ya nos hemos familiarizado con ella y preferimos que no se mueva». De hecho, añadió Intxausti, 'la patata' es «ya toda una referencia» como punto de encuentro o para llegar a alguna zona del municipio.





