Pero no quería hablarles de semáforos sino de esa zona en la que diariamente se enfrentan los peatones y los conductores: los pasos de cebra que es donde se aprecia el talante del peatón y del conductor y que me ha permitido hacer una clasificación de peatones según su forma de atravesar el paso de cebra.
Los hay autoritarios que lo utilizan imponiendo su ley, incluso a paso lento, casi con recochineo, para que los conductores se joroben y sepan quién manda allí. No son los más numerosos por fortuna.
Los hay más normales que usan el paso de cebra con discreción y esperando a que el conductor les ceda el paso como manda el código, y cuando les ceden el paso lo utilizan procurando no molestar demasiado.
Y existe un tercer grupo que cuando el conductor detiene el coche cediendo el paso, en justa correspondencia a su gesto, procuran atravesar la calle a paso ligero para que la espera del conductor sea lo más breve posible.
Y sin duda ustedes preguntaran en cuál de los tres grupos me incluyo. Y le diré que en ninguno de los tres. Un servidor conoce el problema de un coche teniendo que frenar y arrancar de nuevo y sabe también que para un peatón, detenerse resulta incluso agradable. Por eso cuando coincido en un paso de cebra con algún vehículo, me detengo haciendole señas para que pase. Y cuando pasa, tengo la satisfacción de intercambiar con el conductor un saludo cordial.
Elija ahora el lector el grupo que más le agrade -que no sea el primero por supuesto- y póngalo en practica. Será una forma de hacer que la convivencia con los vehículos resulta grata y hasta placentera.





