
A lo largo de su intervención, Nagel se mostró dolido, incluso ácido, por lo que él mismo interpretó como un «tremendo desprecio» hacia su obra. «¿Qué es eso de que es una escultura de rotonda! -subrayó en referencia a unas declaraciones del alcalde sobre el propósito con el que se encargó la pieza de bronce-. Eso es un invento que sólo lo puede decir alguien que no tiene ni idea de lo que es una escultura», prosiguió tras insistir en que la obra fue concebida con unas formas y proporciones acordes a un espacio «que debe ser respetado», al margen de que haya tráfico o no alrededor.
Tampoco convencieron a Nagel las explicaciones sobre el futuro desarrollo urbanístico de esa zona. «Si hay un cambio de función lo primero que deberían haber hecho es hablar conmigo, tal y como hizo el Ayuntamiento de San Sebastián» cuando quiso trasladar otra de sus obras. Además, el artista está convencido de que la peatonalización «será buena para el ciudadano y para la escultura, porque cuando se realizó el encargo, el tráfico era un mal necesario».
A quien no le gustaron demasiado estas declaraciones fue al alcalde de Amorebieta, quien acusó a Nagel de «no jugar limpio» al contar públicamente la conversación «privada» que habían mantenido minutos antes. «Con actitudes así empiezas a dudar de sus motivaciones y de las ganas que tiene de llegar a acuerdos, porque el único fin de mi llamada era que nos pudiéramos conocer e intercambiar impresiones y, de alguna manera, responder a su queja amarga de que nadie del Ayuntamiento se había puesto en contacto con él hasta ese momento».





