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Deberá permanecer en un psiquiátrico hasta su curación
Los expertos apuntaron que pudo sufrir un grave brote psicótico, un colapso nervioso que conduce a la pérdida del sentido de la realidad
12.01.08 -

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Deberá permanecer en un psiquiátrico hasta su curación
Fotografía de la boda de Izaga en 2003 en Getxo.
El psiquiatra Tim Exworthy, responsable del servicio que atiende a Alberto Izaga en un hospital penitenciario, explicó ayer que, en las primeras semanas, era imposible mantener una conversación. Hablaba incesantemente. Ahora, ha iniciado el proceso de duelo, aunque sus recuerdos sobre aquel día son fragmentarios precisamente como consecuencia de la severidad del brote psicótico.

Exworthy y otros tres psiquiatras y psicólogos han coincidido en el análisis de que sufrió un brote psicótico agudo o una crisis esquizoide. Las diferencias de cualificación son técnicas. Los síntomas son iguales: alucinaciones, delirios,... Se trata de un colapso nervioso que conduce a la pérdida de sentido de la realidad. Algo que puede ocurrir a cualquiera que, como Izaga, carece de antecedentes personales o familiares de enfermedad mental.

A un policía que le detuvo lo trató como al director financiero de Swiss Re. A otro le dijo que él era muy amigo de Jesucristo y que podía aprender cualquier cosa en menos de cinco días. El relato consistente de Izaga a los médicos es que tenía la convicción de que lo que estaba haciendo era salvar a su mujer y a su hija de una influencia maligna y satánica. Todos los testimonios recogidos le presentan pronunciando continuas referencias religiosas.

Emoción

Izaga tuvo ayer dificultades para contener sus emociones en algunos momentos del juicio. Durante la lectura de las transcripciones de lo grabado en teléfonos, su emoción era evidente. Lloró abiertamente cuando su abogado, David Perry, describió la tragedia de este hombre «que había destruido lo que más amaba en el mundo». Asintió cuando el juez Hone dijo que no hay mayor condena posible que la conciencia de haber destruido la vida que tenía.

Perry explicó al jurado con gran elocuencia por qué se les convocó para dictar un veredicto no disputado. Porque, en Inglaterra, desde hace varios siglos, el jurado dicta la justicia, explicó. Y, además, «porque ustedes representan la comunidad y sus valores y dicen con su veredicto, también en nombre de quienes no están aquí, que Alberto Izaga ha de ser verdaderamente compadecido».

Técnicamente, el jurado dictó un «veredicto especial de inocencia por razones de enajenación». Y el juez añadió una «orden de hospitalización», que significa que, a pesar de su absolución, no podrá abandonar el hospital psiquiátrico hasta que los médicos que le atienden consideren que se ha recuperado de manera suficiente. Podría trasladarse a un hospital español en el futuro para seguir su tratamiento.

Su mujer le visita casi diariamente en el centro y, cuando no se ven, se escriben. Sus padres se han trasladado a Londres para apoyarle. Ese entorno fue subrayado por los médicos como una base sólida para ser optimistas sobre su recuperación y una limitación muy grande de la posibilidad de reincidencia, porque su entorno familiar advertiría síntomas sobre los que ahora están alertados.
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