
Además de su «complicado» mantenimiento, el Consistorio temía que, en un solar con una pendiente del 6%, la plaza de Ibarrekolanda fuera un escenario propicio para los patinazos; escenas que no sólo se repiten en el acristalado puente Zubi-zuri, sino también, en menor medida, en el de Pedro Arrupe, con piso de madera. El arquitecto Roberto Ercilla niega cualquier riesgo de tropezón. La madera con la que ellos trabajan incorpora un tratamiento especial -con ranuras por las que se introducen «bandas de polisulfito», un producto similar a la goma- que la hace «totalmente antideslizante», asegura.
Los puentes de Holanda
Es el mismo material que se utiliza «en los empinados puentes que hay en Holanda para salvar los canales, y también en los barcos. Le dimos una muestra al Ayuntamiento, y vinieron a visitar la instalación que hicimos en Vitoria en la zona de Renfe. Pudieron ver el sistema de drenaje y su buen comportamiento a lo largo del tiempo», explica Ercilla. Al final, es el suelo de madera el que se ha caído de la plaza. Tras un largo periodo de reuniones e intercambio de papeles, el Consistorio ha optado por hacer su propio proyecto con el apoyo de una ingeniería.
El diseño de Ercilla y Campo se entregó en noviembre de 2004 y fue sometido a varios cambios. Para reducir costes, desapareció el edificio acristalado anexo al Conservatorio con «un gran invernadero, una cafetería y una zona de juegos a cubierto». Algo que «quita contenido y desnaturaliza» el proyecto, según advirtieron los arquitectos en una carta remitida al área de Obras y Servicios en noviembre de 2006. A lo largo de ese año hubo varias reuniones y en la correspondencia entre ambas partes se aprecia un creciente distanciamiento. La última misiva, y la definitiva, la envió el Ayuntamiento en octubre de 2007, poco antes de iniciar las obras de la plaza. Comunicó a los arquitectos la rescisión del contrato y el pago de la indemnización correspondiente, 4.710 euros.
Los profesionales solicitarán también, a través del Colegio de Arquitectos, que les abonen las modificaciones realizadas. Aunque no iniciarán acciones judiciales porque la actuación del Ayuntamiento se ajusta a la ley, se sienten «poco respetados y valorados». Para ellos el Conservatorio y la plaza formaban un conjunto que ahora «ha perdido coherencia». La «alfombra» de madera creaba un ambiente «cálido» que invitaba a sentarse en el suelo para contemplar espectáculos al aire libre. «Las plataformas de madera son un éxito en todas las grandes ciudades de Europa», recalca Roberto Ercilla.
«De aquí no pasamos»
La de Bilbao fue 'encogiendo' con las sucesivas revisiones del proyecto hasta que los arquitectos dijeron: «de aquí no pasamos porque nos cargamos la plaza». Los técnicos municipales lo ven de otra manera. Reconocen que el diseño inicial «tenía una presencia muy fuerte», pero dudan de su «funcionalidad» en una zona donde no abundan los espacios libres. «Hablamos de 10.000 metros cuadrados», recuerdan. «No es una isla, tiene que dialogar con el resto del barrio y debe ser un espacio polivalente para los usos de la gente», argumentan los responsables del área de Obras y Servicios. Con el nuevo diseño, «se han ganado zonas verdes, de estancia y de sombra», se ha «humanizado» el entorno. Para evitar el riesgo de patinazos, se habilitarán varias plataformas -«pequeñas placitas»- con un pavimento de hormigón antideslizante. Ya se trate de cristal o de madera, el Ayuntamiento no quiere volver a tropezar con la misma piedra.





