
-Artísticamente, sí. De cabeza, no.
-¿Cuáles son sus pasiones?
-La petanca, viajar, estar con gente, leer...
-¿Que está leyendo?
-Me compré el otro día un libro de Philip Roth y otro estupendo de Fernando Vallejo, 'La puta de Babilonia'. Son escritores que, hoy en día, parecen fuera de sitio.
-Perdone, pero ¿su apellido se pronuncia 'náguel' o 'nájel'?
-Mi abuelo es alemán. En alemán se dice 'náguel' (escrito Nagel) y en euskera, también. En castellano sería 'nájel'. Pero poner ahora la u en la g me causaría un problema legal tremendo. Yo prefiero Nagel, pero ya me he habituado a la otra forma.
-¿Se siente discípulo de Chillida?
-Se dice que soy el 'delfín de Chillida' y no es acertado. Con todo el respeto hacia él y a su familia, no fui discípulo suyo. Si había algo que le hacía gracia a Chillida era que mi obra no tenía nada que ver con la suya.
-Se dice también que es más de calle que de academia. ¿Fue punk?
-Lo que me influye es el mundo que veo, la gente con la que trato, la música que oigo... Si estoy escuchando Sex Pistols, Led Zepellin, T-Rex o Nina Hagen, estoy más en sintonía con eso que con una obra histórica. Si ves una película de los hermanos Coen o de David Lynch, pues igual te perturba más que Picasso porque, aunque no puedas prescindir de él, a éste ya le conoces.





