
El sondeo, realizado entre los meses de septiembre y noviembre forma parte de un trabajo más ambicioso sobre los medios de transporte públicos que está desarrollando un equipo formado por expertos en movilidad, sindicalistas del Transporte, profesionales de las empresas operadoras y miembros de la coordinadora vecinal. «Se trata de una contribución constructiva dirigida a las instituciones con el fin de mejorar un servicio público trascendental para Bilbao, que cuenta con 27 millones de usos a lo largo del año, con unas prestaciones que creemos, son mejorables y sin grandes inversiones», destacaba ayer Javier Muñoz, portavoz de la coordinadora vecinal.
Los encuestados, en este sentido, coinciden en destacar la necesidad de ampliar las frecuencias de autobuses en horas punta, sobre todo en los barrios altos de la ciudad, «con el fin de dotar de mayor número de plazas a los usuarios en cada línea», así como en criticar la falta de espacios destinados a sillas de ruedas tanto de niños como de personas con minusvalía. «El autobús tiene que estar a disposición de los usuarios. No se puede hablar de prioridades. Tenemos que contar con autobuses que garanticen espacio para todos», afirmaba Muñoz.
La excesiva duración en algunos de los trayectos es otra de las opiniones negativas de los usuarios. El informe recoge que fallan las conexiones y que, además, las obras que se llevan a cabo en la ciudad, «demasiado juntas o mal gestionadas», inciden negativamente en la circulación de los autobuses. Solicitan, en este sentido, que el paso de las unidades tenga prioridad tanto en vías urbanas como interurbanas «con calles más libres de tráfico y con carriles bus». La implantación de billete único es otra de las demandas que formulan los usuarios en las encuestas.
Aprobado alto
En el otro lado de la balanza se sitúa la opinión que los vecinos tienen de los conductores de los autobuses. «Han obtenido un aprobado alto, lo que demuestra seriedad y profesionalidad», destacaba Javier Muñoz. El colectivo, sin embargo, muestra su disconformidad ante los tiempos por viaje que les impone la empresa, como del efecto negativo de los badenes en su salud. «Superan como media un centenar de estos 'pasos elevados' por turno con el daño que ello puede ocasionar a sus espaldas y cervicales», puntualizaba Muñoz.
La Coordinadora, que agrupa a 32 asociaciones de vecinos y que representan al 80% de los bilbaínos, aseguraba que el trabajo lo han realizado al considerar que el transporte público «es fundamental» para Bilbao y que «lo debería de haber hecho el Ayuntamiento si hubiera puesto voluntad», criticaba Carlos Ruiz, de la Asociación de Vecinos Guretxea de Uribarri.





