
BASAURI
Euskotren
«Parece que hay visibilidad»
«Realmente no es más peligroso que cruzar una carretera», asegura Josu Melgosa mientras espera al tren en la estación que Euskotren tiene en Basauri, una de las que incluye el mapa de la línea que une Bilbao y San Sebastián. Dos pasos de madera sobre las vías rebajadas delimitan en cada extremo la longitud de una estación muy concurrida en hora punta. «No conozco a nadie que haya tenido un susto porque las señales luminosas son grandes», se felicita Estibaliz Barruetabeña.
Vecina del cercano barrio de Ariz, que da nombre a la estación, lleva toda la vida «pegada» a las vías. «Siempre he pasado por aquí, desde que iba a la ikastola», y ahora para enlazar con el metro que la lleva hasta su trabajo en Cruces. Menos habitual es que Mariano Antolín coja el tren, aunque a veces no le queda más remedio. Quizá sea la falta de costumbre, pero él extrema más si cabe las precauciones. «En principio parece que hay visibilidad para cruzar, aunque estaría mejor no tener que hacerlo», comenta.
ORDUÑA
Renfe
«Los niños vienen en manada y no miran»
La próxima parada de este viaje, y la última de la línea C-3 de Renfe, es la estación de Orduña. Además de los convoyes de viajeros, mercancías y trenes de largo recorrido circulan a diario por este punto rumbo a Burgos y Madrid. Cuando el tren para, un goteo de pasajeros camina por los raíles para salir de la estación. «Seguro no es, pero mirando no parece que haya peligro», reconoce Ramón Olabarria antes de subirse al vagón que le lleva de vuelta a la cercana localidad de Amurrio, tras acaba de trabajar a media tarde.
Un poco antes un nutrido grupo de chavales que salen del colegio corre en tromba hacia la estación. «Vienen en manada y no miran», advierte Olabarria. «Afortunadamente la estación de Orduña se encuentra apartada del centro urbano y el silencio de la naturaleza permite oír con más precisión los trenes cuando se acercan», se conforma la orduñesa Asunción Ramírez, que hace hincapié en la prudencia «porque es la madre de la ciencia», dice.
ZALLA
Feve
«Vayas o no al tren, hay que cruzar»
La última estación en este itinerario es Zalla, una de las paradas que se integra en la línea de Feve que parte de la capital vizcaína hacia Las Encartaciones. Aquí se repite el relato de las voces habituadas a girar la cabeza antes de poner un pie en los raíles. Pese a que una valla metálica delimita todo el perímetro de la terminal y sólo permite acercarse al tren tras superar las canceladoras, alcanzar el andén con destino Bilbao exige, irremisiblemente, cruzar sobre las vías. Habituados «a los numerosos pasos a nivel» de Zalla, otro más parece no molestar demasiado. «A veces pienso en el peligro, pero... quita, quita, mejor no hacerlo», se resigna Lourdes Soria.
Marisol Blasco pasa hasta cuatro veces al día por este paso y cree que, a pesar de que no está exento de peligro, «está bastante bien señalizado». En pleno cogollo de la localidad, las vías separan una barriada del centro, la de Marisol. «Vayas al tren o no, hay que pasar las vías; yo ahora voy a la peluquería». La vida cotidiana multiplica el número de usuarios que utilizan este camino cada día.





