
Saratxo está abonado a los premios que rozan lo astronómico. «Además de un gordo en la Lotería Nacional del 10 de febrero de 2001, en el sorteo del 2 de septiembre de 2004 sellamos otro boleto de la Primitiva de 4.686.941 euros», comentó satisfecho. Su administración era ayer una mezcla de aspirantes a otro golpe de fortuna y de curiosos en busca de la identidad del nuevo millonario.
En el interior de la ventanilla cuelgan cinco brujas que le regaló su cuñada tras comprarlas en Chile. Su madre le ha dado otra, ya de mayor tamaño, que adquirió en Morella y que él ha colocado en una estantería. «¿Si aspiro a que traigan tanta suerte como la Bruja de Sort? ¿Ja, ja! Tanto no, porque ellos venden muchísimo, pero también nosotros hemos tenido fortuna con los premios», comentó satisfecho Saratxo, mientras su mujer, Miriam Rodríguez, atendía a los clientes que hacían cola ante la ventanilla.
«¿Se sabe a quién le ha tocado?» fue la pregunta de la jornada en la Administración número 1, de Leioa. La respuesta del matrimonio era siempre la misma: «¿No tenemos ni idea!». Aunque el premio estaba en boca de todos, la identidad del agraciado permanece oculta. «Yo no he hecho mucho caso porque he estado trabajando, pero alguien ha dicho que es una mujer joven que vive por el bulevar», comentó la dueña del puesto de prensa Donibane.
Ocho años de anonimato
El taxista José Antonio Rey se mostró muy escéptico. «La vez anterior que tocaron 4 millones tardamos 8 años en enterarnos. Fue a un vecino mío y lo averiguamos porque un día se le escapó a su hijo en una conversación. Aquí al que le toca, no suelta prenda. ¿Qué haría yo con todo ese dinero? Pues lo primero comprarle un piso a la hija», comentó.
En la cafetería Zazpi, Carlos Pérez disfrutó de los corrillos. «Desde luego es la comidilla del día. Que si vaya suerte ha tenido, que quién pillara el premio A mí no me ha tocado. Se hubiesen enterado todos, porque habría cerrado el bar», bromeó. Muy pocos son los que prefieren que una suerte así les esquive, como José Ángel García. Este jubilado de 76 años advirtió de que «si me toca a mí, me da un síncope y me muero. ¿A mí ya me cayó el gordo en Torrelavega! -revela- Fue después de un accidente de coche que tuve en 1975 en La Avanzada, en el que murió mi mujer. Yo estuve en coma siete días y me tuvieron hospitalizado un año. Casi me muero, pero al poco de salir del hospital me tocaron 6 millones de pesetas».





