
Toparse con un cántabro en el aparcamiento disuasorio no es ninguna sorpresa. De los pocos coches que se dejan caer a diario por el parking, gran parte llegan desde el otro lado de El Haya. El resto proceden de otros puntos de Vizcaya donde el metro ha pasado de largo, como la cuenca minera o Las Encartaciones. Todos aprovechan el pasadizo que comunica el equipamiento del recinto ferial con la estación de Ansio para subirse al suburbano. Ello ha provocado, de entrada, que los turismos procedentes de Castro, Guriezo, Laredo. Liendo o Santoña dejen de frecuentar las otrora cómodas estaciones de Renfe más cercanas a la muga.
El BEC ofrece un aparcamiento vigilado, cubierto y barato. «¿Qué más se puede pedir?», se cuestiona la castreña Nuria de la Gándara. Es azafata y trabaja habitualmente en el centro de Bilbao, por lo que su mayor quebradero de cabeza siempre ha sido acercarse a la oficina, más que nada porque las comunicaciones «no son buenas que digamos». Su bolsillo ha agradecido la apertura del parking. «Si aparcas en la 'capi' te sale unos 12 euros al día. Una barbaridad», recuerda. A la joven se le nota «encantada» con el nuevo servicio. «Es una gozada aparcar el coche aquí y coger el metro de la misma por poco dinero», describe.
«Es muy cómodo»
Su caso se repite en unos tiempos en los que Cantabria y Vizcaya quedan cada vez más cerca por carretera. A Inés González, un día de trabajo en Bilbao le salía antes un pico. Durante dos semanas, dejó el coche en el parking de Indautxu por al menos 10 euros. A finales de diciembre decidió probar suerte en el aparcamiento del BEC para ahorrarse un dinerillo y ha quedado satisfecha. «Desde Laredo tardo lo mismo que antes al venir y sólo diez minutos más cuando vuelvo a casa. Es muy cómodo», resume Inés, quien cree que una idea así sólo podía plantearse en una región «avanzada» como el País Vasco. «Aquí sois más espabilados», dice.
Para los cántabros que estudian en la Universidad de Deusto o cualquiera de las facultades bilbaínas de la UPV, el parking también es «una gozada». María José Orbea lo ha comprobado. El martes paró en la feria en su periplo diario hacia la Escuela de Ingenieros de San Mamés y quedó muy satisfecha. «Te evitas preocupaciones. Antes dependía mucho del autobús o me veía obligada a dejar el coche en Olabeaga y subir a pie hasta la 'uni'», cuenta. Todo eso le suponía una gran pérdida de tiempo en un trayecto algo inferior a 40 kilómetros.
No todo son loas para la iniciativa. El pasadizo entre los aparcamientos y la estación de Ansio es para algunos «demasiado largo», mientras que a otros no les hace mucha gracia el rodeo que se debe dar para acceder al parking, cuyo acceso sólo puede efectuarse a través de la rotonda más cercana a Retuerto para dejar vía libre a los visitantes de las ferias. La parte buena del recinto es la presencia masiva de cámaras.





