
«Esperamos que antes de que termine el plazo se apunte más gente, al menos para garantizar la atención de los casos más urgentes, porque andamos justos, justos», destaca Belén Ugarte, presidenta del grupo. Los expediente prioritarios corresponden a pequeños que viven en Orane, la aldea más cercana a la central donde se produjo la fuga hace más de dos décadas.
Casi al final de una campaña de inscripción agónica, donde los compromisos de familias han llegado «a cuentagotas», los miembros de la asociación hacen un último llamamiento a la población para que animar a la acogida de pequeños ucranianos. El sábado, el grupo celebrará en la sede de Bolunta, en la bilbaína calle Ronda (17.00horas), una última reunión para conseguir más familias.
«Mal año»
Aunque el año pasado Chernobil Elkartea pudo sumar a 120 niños a su programa -hay 320 pequeños que vienen todos los años- , ahora, a punto de cerrarse el plazo de inscripción de solicitantes, apenas cuentan con hogar para 47. A pesar de todo, los voluntarios, que se han desvivido para 'ubicar' a cuantos más niños mejor, se niegan a hablar de desánimo. «Quizá ahora al final se la gente reaccione», apunta Belén, que, al igual que sus compañeros, explica el brutal bajón de solicitudes para acoger niños por la polémica que causó el presunto intento de secuestro de un centenar de niños en Chad, orquestado por la ONG El Arca de Zoé. Según explican los voluntarios, la repercusión mediática de este asunto frenó el proceso, ya que causó recelos en los posibles 'padres' de acogida. Asimismo, señalan que la subida de precios y de las hipotecas también han podido inhibir a las familias.
«Ha sido mal año. Ante este tipo de cosas, poco podemos hacer, lo que sí está en nuestra mano es recomendar la acogida, porque es una experiencia maravillosa -destaca Belén-. Quienes se apunten no se encontrarán solos, tendrán el apoyo de la asociación las 24 horas y contarán en Plentzia con tutoras bilingües que les ayudarán».
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