
-Usted escribió en 2002 un informe que pedía retirar y remover un tercio de las esculturas de la calle en Vitoria. Entre otras, 'Reflexión' ('el torero') o 'El Caminante'. ¿Sabe que siguen donde estaban?
-Sabía que no se quitarían. Me consta que la mía era una opinión avalada por la sociedad culta de la ciudad y del País Vasco. Artistas, museos y profesionales del sector piensan como yo, aunque a lo mejor hace falta que venga alguien de fuera para que diga esas cosas. La ciudad está invadida de obras mediocres. Pero no vine a tirar monumentos con un mazo. Fue un trabajo serio de 400 folios. Si no han hecho caso, es cosa de la ciudad. No me atañe.
-Pero hubo debates, la gente había asumido que estas obras están arraigadas en el imaginario de la ciudad, del pueblo.
-Al pueblo nunca se le ha pedido su opinión para poner nada. El poder y los medios de comunicación han metido esa imagen por todos los lados. Es costumbre. Si se hubiera colocado otra cosa, si en vez de apoyar a 'El Caminante' se hubiera apostado por la plaza de Chillida y Ganchegui no estaría hecha una mierda como está. Es la única escultura de Vitoria que tiene valor. Y es la peor tratada. Le han dado la espalda. Ayer salía una foto en EL CORREO de denuncia por un cuadro eléctrico horroroso que hay en la plaza. La hacía un lector que también es el pueblo, pero a ése no se le hace caso.
-Pues desde que hizo el polémico informe se han colocado varias estatuas figurativas a Celedón, Wynton Marsalis, Fernando de Amárica, el poeta Lauaxeta y Ken Follett.
-Tendría que verlas.
-La de Follett le gustará.
-No creo, ni la iré a ver. Igual la de Amárica tiene un sentido; la de Lauaxeta también, como homenaje a hombres de aquí. Una de las cosas que proponía en mi trabajo es que el Ayuntamiento encargara las obras con un motivo y con criterios de calidad. No sé si en estos casos se ha actuado así.
«Escritor mediocre»
-Insisto en que la escultura de Follett ha sido bien recibida y gusta a mucha gente.
-Dedicar una escultura a un escritor de 'best seller' mediocre, un cuentista sin ningún interés, que no es premio Nobel y que lo único que hace bien es vender muchos libros me parece de muy mal gusto. Y es un insulto a la ciudad que esté situada enfrente de una catedral que vosotros consideráis una joya de la arquitectura. Ahora, si la ciudad lo asume y le encanta, pues para vosotros. Ningún museo va a comprar esa pieza.
-¿Por qué cree que gustan este tipo de obras frente a piezas más complicadas como las de Chillida u Oteiza?
-¿Por qué la gente tiene tan mal gusto y coloca un trapo de ganchillo encima del frigorífico? ¿Es mejor porque le gusta a más gente? Al público no se le hace pensar en nada. Es como un 'Lladró'. Bueno, el 'Lladró' es más bonito.
Pero no me gusta hablar de cosas malas. Prefiero hablar de la plaza de Chillida, del Artium, un museo que con poco presupuesto hace cosas muy interesantes como la exposición 'Objeto de réplica'. A Vitoria también se la conoce por eso.
-A su juicio, ¿que és el arte?
-Creo que cualquier cosa puede ser arte. Lo importante es el discurso, lo que se quiere decir. Es una herramienta para crecer, para dudar, para investigar, no es pura decoración, sino pensamiento crítico.









