
PRECAUCIONES
PRECAUCIONES
Así, el último balance de Sanidad desvela que más de un millar niños alaveses necesitan cada año atención sanitaria por caídas, golpes, quemaduras o intoxicaciones que, en su mayoría, tienen que ver con la ingesta de medicamentos o de productos de limpieza en su propio hogar.
Por este motivo, y pese a que la tasa de siniestralidad afecta a menos del 10% de la población infantil -según el anuario estadístico de 2007, en Vitoria hay 10.539 niños menores de cuatro años- el índice de incidencia se dispara en pequeños de 1 y 2 años. «A esa edad -señala la directora de la guardería Kimba, María Campo- comienzan a dar sus primeros pasos, pero todavía no guardan bien el equilibrio, no saben controlar las manos y el riesgo de caídas o resbalones es mayor que cuando son bebés o más mayorcitos».
Esto explica que ocho de cada diez chavales de esta edad que acuden a los servicios de Urgencias de los hospitales de Vitoria lo hagan tras haber sufrido un golpe o una caída. Las quemaduras, en cambio, son causa de atención sanitaria en tan sólo uno de cada diez casos, lo mismo que la ingesta de medicamentos o de productos tóxicos. «En el capítulo de intoxicaciones, sobre todo, la cifra se ha reducido muchísimo, lo que confirma que la educación sanitaria que se imparte en las consultas de pediatría de los centros de salud está dando sus frutos», asegura el jefe del servicio de Urgencias Pediátricas de Txagorritxu, Alfredo Bosque.
«Mayor cautela»
Esta «tendencia a la baja», que confirma también el doctor Bosque, viene auspiciada por la cautela «cada vez mayor» con la que padres y educadores actúan ante cualquier golpe o caída. «En general, los accidentes no suelen ser graves, pero cada vez es más frecuente que a la mínima caída y, ante la duda, se acuda a Urgencias para descartar un lesión de gravedad».
En el 35% de los casos que son atendidos cada año por profesionales sanitarios, las lesiones tienen su origen en golpes «menores» que los pequeños se dan contra puertas, ventanas y escaleras. Por este motivo, médicos, educadores y expertos insisten en la importancia de «adecuar el entorno de cada hogar para minimizar las situaciones de riesgo».
Los barrotes de la cuna, por ejemplo, no deben tener una distancia menor de 4,5 centímetros ni mayor de 6,5. Además, se deben mantener fuera del alcance de los pequeños todos los objetos pequeños y los medicamentos y los padres tienen que controlar siempre la temperatura del biberón y del agua a la hora del baño para evitar quemaduras.
Este manual de buenas prácticas lo cumplen al dedillo en la escuela infantil Vivencia, cuyas educadoras deben atender a una veintena de niños cada día. «Proteger, desinfectar y no perderles de vista son las tres premisas fundamentales para evitar sustos. La prueba es que este curso no nos hemos llevado ninguno, por ahora. Pero, eso sí, ante la mínima duda lo mejor es consultar al médico para evitar males mayores».









