Esta afición al anglo-inflagaitismo (un vocablo inflagaitas de mi cosecha) se observa a menudo en las informaciones deportivas en las que los locutores procuran dar toques de elegancia a su léxico utilizando, por ejemplo, en una famosa competición internacional de veleros la locución American Cup, que ellos pronuncian pomposamente 'American cap'.
Y no olvidemos la inflagaitez prosódica de los torneos de baloncesto que se juegan entre cuatro equipos. Se trata sencillamente de una final a cuatro, pero los locutores deportivos consideran más elegante y europeo usar el califica- tivo inglés de 'final four', que ellos pronuncian pomposamente 'fainal for'. ¿Ole! ¿Eso es elegancia!
Esta afición por los anglo-inflagaitismos ha llegado también hasta el terreno del comercio, donde he podido ver una tienda de vender zapatos que en vez del vulgar nombre de zapatería utiliza el elegante 'shoesmarket'. O una tienda de cocinas que se anuncia con el vocablo inglés 'kitchen', que es, por lo visto, más fino que el castellano cocina.
No queda fuera de esta afición al inflagaitismo gramatical la terapéutica, y como ejemplo les citaré dos textos copiados en las farmacias. Uno de ellos es un producto para reducir grasas que se denomina 'fat-away' (en inglés, fuera grasa) y otro que se llama 'Happy-feet' (en inglés, pie feliz). ¿Ole! de nuevo por la elegancia prosódica.
Y para remachar el clavo leo en uno de mis volantes del Igualatorio el siguiente párrafo: «No retirar esta solapa hasta haber pasado el imprinter con la tarjeta del asegurado». El 'imprinter' es la impresora que imprime el número de mi tarjeta, pero los del Igualatorio también consideran que hay que dar elegancia al idioma y prefieren llamarla así. Como decía mi abuela, ¿toma canela Manuela!





