Para que acudiera más respetable quizá se debería haber publicitado el evento como un fleco del primer caro sarao de la alianza de civilizaciones zapateril, pues The Lost Sons Of Littlefield (Los Hijos Perdidos de Littlefield, la ciudad tejana donde nació su ídolo Waylon Jennings) son un ba-jista pelirrojo y patilludo que podría militar en los Rhythm Rockers de Crazy Cavan, un violinista hippioso que a Pato el taurófilo le recordó al padre humano del marciano televisivo 'Alf', un fornido baterista que parecía un tío de Jason & The Scorchers, y dos guitarristas tocados con ajados sombreros de cowboy: el barbado cual vagabundo Alan a la acústica, y Paul a la Telecaster tan vibrante como la que utiliza Dwight Yoakam.
Plácidos
Los cinco operaron durante una hora y diez minutejos plácidos y evocadores, idealizadores del sonido americano. El Antzokia se asemejaba a un honky tonk del Oeste y todos sentimos que la banda mejoró la ya buena impresión que nos causó en noviembre de 2006 en el mismo local. Lo consiguió gracias a una actuación melódica y terrosa (no blanda y polvorienta), racial y viril (sí, aunque son británicos de pub el country les sale auténtico), con fidelidad y actitud (no fingen ser falsos vaqueros de Nashville a pesar de llevar por la calle los sombreros), y devoción a los mayores: Waylon, Willie Nelson, Kris Kristofferson, Buck Owens...
No faltaron piezas de su primer disco entre nosotros: vía los Sadies adultos 'Guns', con melancolía escuela Waterboys 'Cross Eyed Country', biográfica 'Middle Saxon Town'. Y no olvidaron repasar el novedoso 'So Far', mediante versiones (la rendición a Waylon Jennings 'Luckenbach Texas', el famoso 'Honky Tonkin' de Hank Williams en el bis) u originales (hillbilly redoblado en la estela del Yoakam deluxe 'Drifting', la emblemática, cálida y cordial 'Hay un lugar en mi corazón que llamo Texas'). Para que digan.





