
Los 'Amigos de San Antón', que en los últimos años se han encargado de la organización, hicieron un último esfuerzo y repartieron entre los asistentes cuatro mil pinchos. Su 'alma mater', Alfredo Cerrillo, se dirigió a los asistentes desde la tribuna y se despidió de todos recordando «las sensaciones positivas» y animando a los vecinos a encargarse de la organización para el próximo año. A pesar de su buen carácter, Cerrillo se despidió con cierto cansancio y recordó los esfuerzos que durante años dedicó a la organización de la fiesta, acudiendo a colocar los puestos del mercado a las cuatro de la madrugada.
Aunque no hubo subasta, los Amigos de San Antñon repartieron boletos entre los asisntentes para la rifa de un cerdo y un jamón y los ingresos obtenidos, se destinarán, como en ediciones anteriores, a Médicos Sin fronteras para colaborar en alguno de sus proyectos solidarios.
La feria
En la feria, que acogió noventa y tres puestos de productos artesanos y de caserío, la presencia de público fue muy importante y a mediodía resultaba difícil moverse por la calle Landako y por el entorno de la ermita. A pesar del sol magnífico que lució durante toda la mañana, algunos se quejaron de las escasas ventas.
Para los visitantes, el punto de vista, fue muy diferente, y todos disfrutaron de queso, pan y txakoli en los puestos. Manuel Gutiérrez, que llegó desde Reinosa, despertó una gran expectación con sus cestas macizas de madera de olivo. Congregó en torno a su puesto a gran cantidad de curiosos que preguntaban por el método de elaboración. «Las hacemos con madera de la raíz del olivo, que cogemos en La Rioja y la dejamos secar, pero no mucho, porque de lo contrario, cuando las vamos a trabajar, es fácil que se rompan».
Florencio Aspiazu, de Gernika, presidía un puesto que una veintena de variedades de legumbres que también despertaron gran curiosidad, aunque señaló que «éste no ha sido un buen año para la alubia».









