
SU HISTORIA
Su pasado está circunscrito a la docencia, porque nada más concluir su formación en la Escuela de Armería se inició allí mismo como profesor, en 1960. «Luego también impartí clases en la Universidad de Laboral, a raíz de que se puso en marcha», relata José Francisco, al que algunos días no le alcanzaban, porque además trabajaba para una editorial de Bilbao haciendo libros de texto sobre matemáticas y física. «Hice una docena y en alguna ocasión, cuando el trabajo era muy intenso, estuve en excedencia», subraya.
En 1984 la editorial se trasladó a Logroño y él apostó por seguir sus pasos, decidido a «probar suerte». Tenía 43 años y prosiguió en la enseñanza 17 más, primero en la Universidad Laboral de La Rioja y luego en un instituto. También continuó en la editorial, hasta que el fallecimiento del editor provocó su cierre. «Me jubilé en 2001, al cumplir los 60, pero he seguido vinculado a la enseñanza porque extraoficialmente estuve yendo a dar clases al IMH de Elgoibar hasta hace sólo dos años», indica, puede que con algo de añoranza.
«Jamás había estado afiliado a un partido político y ni siquiera había ido nunca a un mitin», asegura, pero con la jubilación todo cambió. La figura de Rosa Díez resultó determinante. «Siempre me había resultado atractiva y cuando me enteré de que había fundado un partido me sedujo que lo hiciese tras dejar aquel en el que estaba por ser fiel a sus ideas. Es algo que me admiró, me informé y, como las ideas me gustaron, pensé que era una manera de matar el tiempo», explica.
Un 'divertimento' que puede terminar conduciéndole al Senado porque, aún tratándose de una lista por orden alfabético, el hecho de figurar en las papeletas por delante de los otros dos nombres de su partido le puede conceder cierta ventaja. «Los entendidos en procesos electorales dicen que es un hándicap positivo», admite, pero sin darle demasiada importancia.
La disparidad de criterios se instaló entonces en la familia Gutiérrez-Expósito, porque mientras su mujer, Clara, se ha convertido en asidero y le ayuda «en muchas cosas», sus tres hijos se lo tomaron de forma diferente. «Uno dice que estoy loco al meterme a mi edad en estos berenjenales, pero otro cree que hago muy bien, porque hay que comprometerse». José Francisco les escucha y sigue adelante. Convencido de los pasos que da, aunque con mucho tiento.
«Nunca me he engañado con la política. Siempre me ha parecido que hay mucha trampa, y este partido tiene la virtud de cualquier formación recién surgida, que es inocente, todavía hay ilusión». «Imagino -deduce- que con los años, tal vez desaparecerá ese romanticismo, pero mientras dure, adelante». Tiene claro que si llega al Senado incidirá en el ámbito de la educación. «Lo primero que hay que hacer es devolver al profesor la autoridad que se le ha quitado. Está por los suelos, ya que se ha pasado de su dictadura a la del alumno», expone, preocupado por una situación que le ha tocado vivir muy de cerca.
Cuando muchos reniegan de las matemáticas, no deja de ser curiosa la proliferación de matemáticos de cuna eibarresa, con el premiado Enrique Zuazua y Enrique Villamor -radicado en Miami-, como otros destacados ejemplos. «En las matemáticas, en las relaciones sexuales y en la ópera es fundamental la primera vez, porque si la cosa va bien ya será para siempre, y desgraciadamente muchas veces ocurre que el primer contacto de un crío con las matemáticas suele ser nefasto, lo que les puede llevar a odiarlas», dice, de forma gráfica.
Un Eibar más triste
Su relación con Eibar nunca se ha interrumpido. «Ahí tengo un hermano y muchos amigos, por lo que voy a menudo», indica el catedrático eibarrés. Puesto a evocar, recuerda que hubo una época en la que su pueblo irradiaba alegría. «Se terminaba de trabajar y se txikiteaba». «Sin embargo, una de las veces que regresé -apunta-, ya con la crisis industrial instalada, lo encontré triste». Ahora no termina de tener una percepción real de la situación actual, porque vive el ambiente «más de puertas adentro», ya que en sus visitas se limita a «ir a casa de mi hermano o a cenar a alguna sociedad con los amigos».





