
Según aquella información, fundamentada en fuentes municipales, la cifra real rondaba los dos millares de gallegos en el municipio eibarrés, si bien los únicos datos contrastados suficientemente databan del año 1958, cuando el estudio realizado por el Negociado de Estadística del Ayuntamiento de Eibar determinó unos números sensiblemente inferiores, ya que en realidad aún faltaba por registrarse la fuerte inmigración que también prosiguió con la década de los 60.
Según aquel estudio, apenas la mitad de los 25.000 habitantes que tenía el municipio armero habían nacido en él. Muchos de los inmigrantes no era considerados como tales, porque procedían de poblaciones próximas o de las provincias vascas, pero la realidad era ésa, en tanto que se dejaba notar con especial incidencia la presencia de eibarreses de adopción procedentes de tierras castellanas, muchos de ellos llegados desde Burgos, aunque también desde otras zonas próximas, como Cantabria y La Rioja.
Ya entonces 1958, la colonia gallega se situaba en casi 1.500 habitantes, lo que equivalía al 5,53% de la población.
Lo que no arrojaba ningún tipo de dudas era la procedencia de los gallegos que habían recalado en Eibar, ya que -según el mismo informe de 1958-, el 88% habían venido desde Orense, lo que implicaba un total de 1.330 originarios de aquella provincia. De ahí que entre Lugo, La Coruña y Pontevedra apenas aportaban 170 eibarreses de nuevo cuño.
Curiosamente, a pesar de tan importante presencia, en 1980 aún no existía en Eibar una Casa de Galicia -surgió años después-, y por el contrario estaban implantadas la Peña Navarra, el Centro Burgalés y el Centro Montañés.





