Los 5,3 kilómetros entre l'Hospitalet de Llobregat y la estación de Sants, en Barcelona, han sido los protagonistas y los causantes de la mayor crisis de infraestructuras que ha vivido Cataluña en los últimos años. Su puesta en servicio se había anunciado para el 21 de diciembre, pero todo se torció. Los primeros problemas aparecieron en octubre con los socavones a la altura de Bellvitge y obligaron a suspender durante seis semanas los trenes de Cercanías de Renfe y los servicios de los Ferrocarriles de la Generalitat. Como consecuencia, miles de ciudadanos tuvieron que hacer uso de medios alternativos para llegar cada día a sus trabajos.
El Gobierno confía en que todo sea agua pasada en apenas un mes, cuando se prevé realizar el viaje inaugural de la línea AVE entre Madrid y Barcelona. Aún no se ha difundido la fecha exacta, pero se suceden las alusiones a que será antes de la cita con las urnas. La última la ha pronunciado la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. Confirmó que la titular de Vivienda y 'número uno' del PSC por Barcelona, Carme Chacón, podrá viajar en alta velocidad desde el Ministerio hasta la Ciudad Condal «para dar su último mitin antes de las elecciones».
La entrada en servicio del AVE Madrid-Barcelona promete revolucionar la comunicación entre ambas capitales, que acercará a apenas dos horas y media con los trenes directos y, en todo caso a menos de tres horas en los que efectúen paradas intermedias. Renfe pondrá en funcionamiento 25 circulaciones diarias por sentido y tratará de implantar en esta línea un modelo de gestión similar al 'puente aéreo'. El billete 'puente AVE' permitirá viajar en cualquier momento a partir de su compra sin reserva previa.






