
La secuencia arrancó a las nueve de la mañana, cuando el chaval se dirigía como cada día al colegio. Fuentes municipales precisaron que la teja se desprendió de lo alto del número 1 de la plaza Moraza, esquina con Tívoli, y se precipitó sobre el chaval, sin más consecuencias que un gran susto y una pequeña brecha en la cabeza. «Podía haberle matado, pero ha habido suerte. Me ha dicho la madre que gracias a Dios no ha pasado nada», exclamó aliviada Mercedes Unzalu, vecina del pequeño. El Ayuntamiento ha señalado que no emprenderá acciones al tratarse de una comunidad privada.
La mayoría de los vecinos se enteraron de que algo había pasado al ver a los Bomberos -retiraron algunas tejas sueltas- o porque el trozo de la cubierta aún estaba partido en el suelo. «¿Que una teja ha dado a un niño en la cabeza? Pues no sabía nada. ¿Está grave?», se interesó una vecina. Begoña García, que trabaja en una carnicería situada en Tívoli 22, sí estaba al tanto. «He visto la ambulancia, pero poco más. A la madre se la veía tranquila para lo que podía haber sido», relataba la tendera.
Culpa de «las palomas»
Según los vecinos, la culpa del desprendimiento «la tienen las palomas». Esa es, al menos, la opinión de Florentino Silva, que apunta a estas aves como responsables de lo ocurrido. «Las tiras ellas», afirma. Según este vecino del número 13 de Tívoli, no es la primera vez que estos materiales caen a calle, «aunque sin dar a nadie». Varios residentes reclamaban ayer «medidas» urgentes para evitar estos sobresaltos. Criticaron, por ejemplo, que hace poco se desprendió una cornisa en Tívoli 22 y otra en la cercana calle Huertas de la Villa. «Yo voy con un bebé de seis meses y otro de dos años y tengo miedo de pasar por aquí», comentó Unzalu. «Si me ocurre a mí, lo denuncio».





