
LOS DATOS
Pues allá que va Gasol, al equipo 'glamouroso' de Los Ángeles, donde le observará Jack Nicholson tras sus gafas tintadas en silla de pista. Más que dejar Memphis, el mayor de la saga necesitaba huir de los Grizzlies, un 'conjunto' sin rumbo al que ya nada tenía que aportar. Recriminado por un sector de la afición -sus movimientos en la cancha pueden confundirse con indolencia para quien le mira con malos ojos- y sobrepasado en la jerarquía del equipo por el insolente Rudy Gay, al barcelonés no le quedaban argumentos. Cada partido de Memphis es un valle de lágrimas, una derrota casi segura, sólo válido para contar los tiros del alero estadounidense, nuevo abanderado de estos osos de peluche.
Ahora se comprende mejor cómo un hombre que se ha perdido por lesión los encuentros justos, ni uno más, renunciaba a participar con los Grizzlies las últimas fechas amparado en molestias de espalda. Gasol necesitaba red para protegerse de este salto, el abismo que separa a su club durante seis años de la púrpura y el oro encarnados por los Lakers. Durante varias meses las especulaciones le conducían a Chicago, donde unos Bulls deprimentes no terminan de emerger.
Cinco por uno
El traspaso justifica la condición estelar de Pau. Memphis recibe a Kwame Brown, el gran proyecto de pívot diluido con el tiempo, ese 'cinco' sobre el que basaba Michael Jordan la reconstrucción de Washington hasta que se cansó de esperarle. También recoge a un telonero como Crittenton, dos primeras rondas del 'draft' y los derechos de su hermano Marc. Contradicción en estado puro. La fuga de Pau a Los Ángeles genera efectos colaterales: priva a un tipo de su misma sangre de recalar en los Lakers y deja 'desamparado' a Navarro, que abandonó el Barça para atender la llamada de su amigo. Pero el escolta sabrá cuidarse solo. Aprovecha la descomposición permanente de los Grizzlies para fabricar números y, con ellos bajo el brazo, buscar un buen contrato en verano.
La incorporación de Gasol fortalece, indudablemente, al conjunto de Phil Jackson, también conocido como el señor de los anillos. Atemoriza un quinteto que incluye a Dereck Fisher como base, el inconmensurable Kobe Bryant, el propio Pau y Andrew Bynum. Este chico, pívot jovencísimo que recibe el magisterio diario de Kareem Abdul Jabbar, es la gran apuesta de futuro en Los Ángeles. La capacidad ofensiva del catalán, unida a la intimidación y también fundamentos de Bynum, compone un juego interior temible en el Staples Center.
Atrás, en la tierra donde yace Elvis, Gasol deja seis temporadas, 476 partidos, diecinueve puntos y nueve rebotes en 35 minutos. El pívot español contribuyó a la quimera de meter a los Grizzlies en 'play off' y allí logró dos galardones que se recordarán por los siglos de los siglos: 'rookie' del año y participante del 'All Star', cita para la que le convocaron los entrenadores del Oeste. Harto de perder, Pau puede recobrar con este cambio el sentimiento del ganador. A sus veintisiete años le queda tiempo en una Liga que, a contracorriente de Europa, no penaliza el carné de identidad.





