
Los usuarios de la clase preferente echan de menos un desayuno, dado que pagan 15 euros más por trayecto respecto a los vagones de turista. Un tentempié que, paradójicamente, sí se sirve -y de forma abundante- en el Alvia, el tren que sigue camino hacia la Cornisa Cantábrica, hacia Bilbao, San Sebastián y Vitoria, entre otras capitales. La diferencia de clases se reduce en el AVE a un mejor asiento -de cuero, con más espacio- y el reparto de periódicos, lo que también es bien valorado.
En la estación de Valladolid, la obligación de pasar las maletas por escáneres de seguridad enerva a algunos, pero en Segovia, donde la terminal está a 7,5 kilómetros del centro, la situación es más desesperante para el usuario que llega. «Apenas hay taxis», relata Arantxa Oblanca, otra usuaria habitual. «Suelo llamar desde el tren para asegurarme que habrá alguno», dice. «Y a veces -resopla-, ni por esas vienen».






