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VIZCAYA
«Logramos que Aznar e Ibarretxe no se vieran en ningún momento»
El director repasa las jornadas más complicadas y sus recuerdos personales de algunos artistas
04.02.08 -

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-Descríbame el día más ajetreado que han vivido en el palacio.

-Yo siempre recuerdo un día, en un periodo electoral, en el que había un acto de Aznar, como presidente del Gobierno, con empresarios, y otro acto a la misma hora del lehendakari Ibarretxe también con empresarios. Ambos tenían conferencias, cóctel y comida.

-¿Y a quién le dieron mejor espacio?

-Es que habían pedido espacios distintos. El tema es que, por razones de protocolo, no tenían que encontrarse ni ellos ni los asistentes. Diseñamos un plan de logística manejando esa complejidad que tiene el edificio y logramos que no se vieran en ningún momento. Para cada organizador, su evento es el más importante y nosotros eso lo llevamos al extremo. Aquí hemos llegado a tener diez eventos radicalmente distintos en un día y hemos aprendido a utilizar muy bien el palacio.

-¿Cuál es el congreso más original que han acogido?

-Siempre hablamos de congresos médicos o de empresas, pero la pura verdad es que hay congresos de las cosas más increíbles que te puedas imaginar. Ha habido alguno interreligioso donde veías budistas, musulmanes, cada uno con su vestimenta... hemos tenido congresos de magia, de esoterismo, no hay ninguna actividad humana que no sea susceptible de un congreso.

-¿Ejercen de conseguidores?

-Evidentemente, en parte con nuestros medios y en parte con empresas colaboradoras. De entrada, no podemos decir que no a nada. Para la ópera 'Rusalka' tuvimos que instalar un gran lago en el escenario. Y un congreso médico con una conexión con un quirófano en directo supone una complejidad enorme. Los asistentes están viendo la operación y le hacen preguntas al cirujano.

-¿Atienden muchos caprichos de los artistas?

-Hay mucha leyenda en ese sentido, lo más complicado es el entorno que rodea al artista. Lo que es cierto es que la tensión previa es muy dura. Yo no he visto a ninguna artista más nerviosa antes de la actuación que a Montserrat Caballé. Me pidieron que fuera a recogerla personalmente y venía con una preocupación enorme, haciéndome preguntas sobre el auditorio. Por la noche, era la persona más cariñosa, más agradable y más agradecida. Van Morrison es un hombre muy raro, casi no habla. Tuvimos que poner guardas de seguridad porque si había un flash, cortaba la actuación.

-¿Y qué tal con Isabel Pantoja?

-Ella tenía obsesión por cuánta gente había en el restaurante porque estaba convencida de que iban a venir a molestarla. Subimos al Etxanobe con ella y con José Luis Moreno. Son dos personajes y la gente miró. Pero nadie se levantó, y ella estaba tan relajada que se quedó hasta las dos y media de la mañana. Dijo 'pocas veces he comido yo tan a gusto'. Eso sí, desde las diez de la noche que había terminado la actuación estaban los del 'tomate' con una cámara esperándola y unas veinte personas para que les firmara un autógrafo.

-¿Usted hace colección de autógrafos?

-La verdad es que no, pero algunas fotografías las guardo con mucho cariño. Hay una con Sofía Loren que la tengo en mi casa. Su entrada fue deslumbrante, de esos momentos... yo la acompañé al escenario y hubo un cambio de luz, se veía muy poco. Entonces ella me agarró muy fuerte, como con miedo de caerse. En ese momento, la estrella se hizo persona.
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