
-El Casco Viejo ofrece una imagen de deterioro, conflicto y marginalidad. Desde el punto de vista físico, social y económico, es el barrio más degradado, sentencia un reciente informe. ¿Tiene esa percepción?
-No. Mi visión no es tan dura. Esto es como el que va a pedir una beca y dice que su padre gana un poco menos porque aspira a una ayuda. A veces se puede percibir eso, pero sólo de forma puntual, porque nuestro casco está menos puesto al día e integrado.
-¿Cuál es su diagnóstico?
-El barrio tiene una singularidades específicas -muchas de las cuales están aún por hacer brillar- como es su patrimonio. Y, por otro, está la gente. La problemática social existe. Entre otras razones, porque hay mayor pobreza que en otras zonas. Son dos retos que forman parte del mismo engranaje y ambos deben funcionar.
-Más pobreza, el doble de tasa de delincuencia, de inmigrantes, la mitad de las infraviviendas de la ciudad... Han rebautizado el barrio como la «isla negra».
-También es la isla gótica. Todo depende de lo que queramos resaltar. Es cierto que aglutina todo eso, porque es la parte antigua, con los alquileres más bajos, en consecuencia con más inmigrantes...
-Con todos estos ingredientes, ¿por dónde debe afrontarse su revitalización?
-Se tienen que activar todas las políticas. Esto es como un ecualizador de música, todos los canales deben estar encendidos. Incluido el de las fuerzas vivas del barrio. Hay que modularlos todos y, claro está, establecer prioridades. Y para mí la principal es la social. Solucionar los problemas y carencias de sus residentes.
Rehabilitar viviendas
-¿Y cree que realmente se está en ello?
-Sí. Lo que pasa es que esto lleva otro ritmo. Vemos que en cinco años ha surgido Salburua y pretendemos que en el casco histórico pase lo mismo. Pero aquí no se parte de un patatal vacío, sino de un barrio con toda esa problemática y una gran riqueza patrimonial. Además, frente a otros cascos, que han tenido un éxito comercial, aquí está subido en un monte. Aun así, a nivel nacional es un referente. Desde hace veinticinco años se lleva a cabo una política de rehabilitación de vivienda, portal a portal, que no se ha hecho en ninguna parte. Mucha labor de campo ya está hecha, pero, claro, reluce menos...
-¿Se logrará su recuperación antes de que se convierta en un gueto?
-Los guetos se forman donde hay cobijos cuyos propietarios no los cuidan y en donde vive gente que no se puede pagar otra cosa. Este no es el caso ni creo que estemos en un momento de peligro. Pero para evitarlo es preciso seguir con la rehabilitación de viviendas y dotar al barrio de servicios dignos.
-¿Cuánto tiempo estima que debe pasar hasta que se integre de veras en la ciudad?
-Hacen falta otros diez años más para que en el imaginario de la ciudad se vaya deslavando tanta negatividad. Esto es, dos legislaturas y media.









