
-El plan económico de la ciudad está a punto de recibir el plácet definitivo. De los objetivos plasmados en ese documento, ¿cuál es el que más tiempo y dedicación le va a llevar?
-Son muchos, pero voy a destacar dos: el especial esfuerzo económico aplicado a los planes vinculados a la cohesión social -vamos a procurar dar una mejor respuesta a las familias o personas más vulnerables-y la primera fase de la estación intermodal. Todos estamos hartos ya de la de Los Herrán.
-Los grandes proyectos estratégicos están en fase embrionaria. ¿Qué otros planes van a ver la luz en los tres años y medio que restan hasta los próximos comicios municipales?
-En esta legislatura funcionará la nueva terminal de autobuses, se comenzarán las obras de las nuevas oficinas municipales, que alcanzarán un cierto nivel de desarrollo, y las del Palacio de Congresos. Y en lo que se refiere al Casco Medieval, se completará el plan de mejora de accesos con la instalación de los ascensores y habrá actuaciones en El Campillo.
-¿Y la comisaría prevista en ese barrio?
-Eso es más fácil. No requiere grandes obras. Únicamente hay que buscar un espacio alternativo para el Departamento de Promoción Económica y Empleo y el de Educación, y que ahora se encuentran en el antiguo colegio de Fray Zacarías Martínez, donde se habilitará la nueva comisaría de la zona centro.
-Un reciente informe encargado por ustedes habla de la «imagen de marginalidad y deterioro» del Casco Medieval. Parece que queda un trabajo duro por delante para reflotar ese barrio.
-El Casco Medieval es el corazón de cualquier ciudad. Es la zona que más visitamos y la que más nos visitan. Su patrimonio cultural ha tapado una realidad que ha vuelto a emerger por ese informe que describe de forma descarnada su problemática social. Y ésa es la prioridad número uno. Además de eso, hay que mejorar la prestación de servicios públicos, como el de limpieza, iluminación, conservación de las rampas...
-¿Y qué me dice de la creciente sensación de inseguridad ciudadana, especialmente en esa zona?
-Vitoria es una de las ciudades más seguras de España. Es cierto, que dentro de ese nivel envidiable, en el Casco Medieval se acrecientan las faltas penales. La incorporación de una comisaría, unido a una mejor iluminación y mayor limpieza, limará esa sensación.
-Pero, ¿se verán pasar uniformes y patrullas? Los vecinos de Vitoria, en general, aseguran que apenas ven policías por las calles.
-Bueno, es que yo no me he encontrado una policía de barrio, sino una policía. Ahora hemos iniciado un proceso de cambio, que será complicado pero que se va a notar. A eso hay que añadir una nueva promoción que permitirá añadir 73 agentes más.
-El mundo inmobiliario vive una crisis motivada en gran medida por la potente oferta de vivienda protegida. ¿Cuántos promotores han desistido ya de poner en marcha nuevos bloques de pisos libres?
-Aquí y en el resto de España no se venden las casas porque no se quieren bajar los precios y porque, si empezaran a bajar, se generaría un efecto multiplicador que menguaría sustancialmente los supermargenes de beneficios que, en general, ha habido en las promociones inmobiliarias. Es innegable que esta situación tiene un efecto económico. Ahora lo hemos visto en los datos de empleo. En lo que se refiere a Vitoria, las cosas se han hecho con inteligencia para resolver el gravísimo problema de acceso a la vivienda que había. Hoy la gente ya no se pregunta qué hace el Ayuntamiento en esta cuestión sino cuándo me va a tocar un piso. En cuanto a su pregunta, los casos de paralización de promociones libres son excepcionales y las públicas van como un tiro.
Política «de gestos»
-Los profesionales del volante se preguntan cómo va a convivir el tranvía con un tráfico que tildan de «caótico». ¿Les puede tranquilizar?
-Las frecuencias del tranvía en la primera fase de explotación serán de 10 minutos. El objetivo final es reducirlo a 6. No habrá problema de convivencia porque se va a hacer una nueva regulación semafórica. Es decir, se va a adecuar al tranvía. El objetivo es que merezca la pena cogerlo en vez de usar el coche.
-¿Así de sencillo?
-El problema es que ha faltado un buen ejercicio de planificación del tráfico. Nadie entiende que primero se quiten plazas de aparcamiento y luego se plantee la necesidad de hacer parkings. Yo voy a ser muy restrictivo en la eliminación de huecos hasta que no entren en servicio nuevos estacionamientos. De hecho, vamos a poner en marcha medidas para paliar esa carencia. La primera, en Abendaño, donde se va a habilitar una segunda fila de aparcamientos junto al parque. Queremos sacar chispas a las calles.
-Ya durante la campaña anunció para Vitoria una especie de plan de reconquista de la capitalidad de Euskadi. ¿En qué se va a traducir?
-La política ha generado división en la ciudad y como alcalde tengo la obligación de buscar un elemento que nos una y que esté por encima de los colores. Y eso es reclamar un papel que la historia más reciente nos ha negado. Somos la capital de Euskadi y tenemos el derecho y la obligación de representar al conjunto de la sociedad vasca. Eso requiere un reconocimiento específico del Gobierno vasco y del Parlamento autonómico. Se precisa una política de gestos para que se vayan enterando.
-Se refiere a la concesión de un canon económico.
-Es lo habitual. Madrid y Barcelona reciben unas aportaciones económicas especiales en concepto de capitalidad. Vitoria no debe ser distinta. No voy a renunciar a lo que no ha renunciado ninguna capital del mundo.









