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los tiene que devolver
10.000 euros en la cuenta por error
Un cliente de una sucursal de Santurtzi se gasta en siete días el dinero que un empleado le ingresó por un descuido

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Imagine que un buen día acude a su banco y comprueba con agrado que un anónimo le ha ingresado 10.000 euros en su cuenta. ¿Qué haría? Pues Héctor Víctor Haiguez, de 66 años y de origen francés, aunque afincado desde hace un cuarto de siglo en Portugalete, lo destinó en cuestión de días a tapar algunos agujeros. Dice que creyó que un hostelero al que le suministraba vino desde hacía años había saldado una vieja deuda que tenía con él.

Según pudo saber después, un empleado de la oficina Ipar kutxa de Santurtzi había cambiado al teclear un dígito de una cuenta y había introducido por error esa cantidad a su nombre el pasado 14 de enero. Se da la circunstancia de que el dinero iba a una cuenta interna y, por tanto, ningún cliente pudo echarlo en falta y avisar a la caja.

Setenta y dos horas después, aunque Héctor calculaba que habían pasado «dos semanas», extrajo mediante una transferencia 7.500 euros, después de preguntar si podía «disponer del dinero», según se refleja en la denuncia interpuesta ante la Ertzaintza. Héctor asegura que lo utilizó para liquidar una deuda que mantenía con una tercera persona. Ese mismo día sacó 1.000 euros en metálico. Al cabo de otros cuatro días -había pasado una semana desde que su saldo aumentó considerablemente-, sacó 1.300 euros, hasta casi dejar vacía la cuenta.

Hasta entonces, la sucursal no se había percatado de los movimientos, pero al realizar el «barrido semanal» funcionaron los «mecanismos de control» y saltó la «alarma», indicó ayer un portavoz de la entidad. El director intentó ponerse en contacto con el afectado, que en ese momento se encontraba en París, adonde había ido a visitar a un hermano enfermo. Se le envío por carta un «requerimiento» para que devolviera los 10.000 euros y se le llamó por teléfono «muchas veces», indican las mismas fuentes.

Finalmente, el responsable de la oficina se presentó en el domicilio de Héctor Víctor, donde fue recibido por su mujer. «Se ha asustado, está muy enfadada conmigo», confiesa el hombre, que, poco después, recibió una llamada internacional en su móvil del director de la sucursal. «Muy nervioso», le apremiaba a que se pasara por la oficina cuanto antes para solucionar el malentendido.

Ipar kutxa, por su parte, sostiene que fue el cliente quien se presentó en la oficina de la calle Cristóbal Murrieta a las once de la mañana del pasado 1 de febrero, después de revisar la notificación en la que se le informaba de que la entidad se reservaba el derecho de emprender contra él «acciones civiles o penales».

La esclusa cerrada

Es aquí donde más discrepan las versiones de ambas partes. Mientras Héctor Víctor asegura que el director le atendió de manera correcta, pero que otro individuo entró en el despacho y le trató «de malas maneras» y le llamó «ladrón», desde la sucursal aseguran que era el cliente quien estaba «agresivo». Piensan incluso que se trató de una «argucia» para provocar a los responsables de la caja e intentar «chantajearles».

Malhumorado -«con 66 años no iba a permitir que me trataran así»-, el hombre se dirigió a la salida. Sostiene que «me cerraron la puerta y no me dejaron salir». La sucursal, sin embargo, aclara que en la entrada tiene una «esclusa» que está siempre cerrada y que tiene que ser abierta desde el interior mediante un botón. Héctor Víctor calcula que esperó «quince minutos» antes de llamar a la Ertzaintza. La entidad afirma que un cuarto de hora fue el tiempo que el hombre estuvo en el despacho y que cuando llegó la patrulla, ya estaba fuera. «Fueron los ertzainas los que entraron para corroborar la historia y los empleados de la sucursal mantuvieron durante todo el tiempo con él una prudente distancia, en ningún momento hubo agresión», afirman.

«Nunca me he negado a devolver el dinero, siempre que lleguemos a un acuerdo y que sea poco a poco», declara Héctor Víctor, que ha denunciado por «coacciones» a los responsables de la sucursal ante la Ertzaintza en la comisaría de Portugalete. Por su parte, la entidad, que admite que ha habido una «mala práctica bancaria», también le ha denunciado por «apropiación indebida», ya que le acusa de «gastarse un dinero que no era suyo» y que ahora pretende cubrir con una «cortina de humo» para «sacar algo de provecho».
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