Un portavoz señaló que «entre los 300.000 viajeros que utilizan el metro de Bilbao todos los días es inevitable la presencia de alguno, porcentualmente residual, cuyo comportamiento es imprevisible». Para tratar con estos usuarios problemáticos, los trabajadores «disponen de un manual de autoprotección» en el que se indica que la máxima prioridad es «velar por la integridad física y psíquica del personal». La empresa dice que es preciso «concienciar a los trabajadores de que es necesario cumplir» estas indicaciones. No hacerlo aumenta el riesgo de que agresiones como la sufrida el sábado por el supervisor de la estación de Las Arenas «puedan tener un desenlace de consecuencias irreversibles».
Metro Bilbao subrayó la «receptividad de la empresa» ante las demandas de los trabajadores y señaló que éstos «tienen hilo directo con los máximos responsables de la seguridad del suburbano».





