
CONFLICTO EN VIZCAYA
-Ustedes que cuidan a 10.000 dependientes en Vizcaya. ¿Se sienten desatendidas?
-Por supuesto, ¿quién nos cuida a nosotras? La ayuda a domicilio siempre ha estado sumida en una especie de zona oscura. No se nos ve, quizá porque trabajamos en casas, de puertas para adentro. Buena parte de la sociedad desconoce nuestra labor y, por lo que parece, las instituciones también. Y no deberían, porque se nos paga con dinero público, aunque no dependamos directamente de la Administración.
-La Ley de Dependencia ha supuesto un balón de oxígeno para las personas que tienen algún familiar a su cuidado y ha tenido una gran repercusión mediática. ¿Qué lugar ocupan ustedes en este nuevo escenario que se esboza?
-Nos ha sorprendido que nos hayan dejado un poco al margen, sobre todo, teniendo en cuenta que la asistencia domiciliaria es un pilar fundamental de esta ley. Por eso, cuándo oímos a los políticos dándose autobombo con este tema piensas que es muy triste saber que no te tienen en cuenta en sus planes.
-¿Cómo se toman un anciano o una persona impedida sus planes de huelga?
-Lo entienden. Ellos valoran nuestro trabajo más que nadie. De hecho, si pudiera, más de uno vendría a la manifestación.
-Algunos de los colectivos que pueden sufrir el parón les van a apoyar hoy en la protesta.
-Sí, jubilados, ecologistas, grupos de mujeres es que el 99% de la plantilla está formada por chicas.
-¿Influye en algo que el sector sea básicamente femenino?
-Me temo que sí. Este es un trabajo que siempre han hecho las mujeres y sigue siendo así. Por eso está reconocido. Desde el año 1989, en que empezó a hablarse de ayuda a domicilio, ha habido pocos avances, y todos logrados a golpe de movilizaciones.
-¿Son un colectivo conflictivo?
-No. Pero es que hemos ido de desastre en desastre, quizá por eso ha habido siempre protestas.
«Algo más ambicioso»
-¿Qué persiguen?
-Un cambio profundo.
-¿En el salario?
-La reivindicación económica no es la más importante. Queremos que nos suban el sueldo algo más que el IPC. Pero la clave está en otros asuntos. Por ejemplo, en reducir la eventualidad, que en nuestro sector es brutal. Y otro punto fundamental es que nos paguen como tiempo de trabajo lo que tardemos en ir de un domicilio a otro. Somos el único sector donde no se computa. En zonas rurales tardas una hora en ir de un caserío a otro.
-La lista de reivindicaciones parece amplia.
-Lo es. ¿Sabía usted que hasta el convenio de 2006 no tuvimos seguro de accidente y enfermedad? No pedimos la luna, sólo cosas básicas que tiene todo el mundo. A veces nos sentimos como 'cenicientas', carecemos de cosas básicas que todo el mundo tiene.
-¿Y quién es el malo de la historia?
-Culpamos a los ayuntamientos. Aunque la gestión directa es de las empresas, ellos tienen que saber qué hacen con su dinero.
-¿Cuánto tiempo lleva usted trabajando en ayuda domiciliaria?
-19 años. Es una labor con mucha implicación emocional. Con dos señoras que cuido ahora en Basauri llevo meses, pero he llegado a trabajar con personas durante once años. Al final, tu relación es casi familiar. ¿A mis hijas les daban hasta la paga!
-¿Y esos afectos no las coartan a la hora de hacer huelgas?
-Es una cuestión que tradicionalmente nos ha inhibido mucho.
s.vazquez@diario-elcorreo.com





