En el aula de costura, los chicos diseñan un logotipo para hacer la funda de una almohada. Muchos han elegido conocidas marcas de moda. En una sala cercana, Alexi, de 12 años, está solo con una profesora. Utiliza la máquina de coser. «Todos sus compañeros han acabado ya esa tarea y él recibe ayuda individual hasta completar el trabajo y poder reincorporarse a la clase», explica la docente. En la clase de costura hay máquinas de coser en las estanterías y cada cajón contiene los materiales clasificados: tijeras, hilos, lana.
Los estudiantes finlandeses tienen las asignaturas de carpintería y labores domésticas obligatorias. Aprenden a cocinar, a poner una lavadora, coser, planchar y economía familiar. «Los responsables educativos quieren que los estudiantes sean capaces de llevar una casa. Que sean autónomos en su vida personal», dice Begoña del Barrio mientras su hija Laura, que habla castellano, finés e inglés, colabora para traducir a su profesor y a sus compañeras.
Todos los alumnos cursan también como materia obligatoria la asignatura de Orientación. No es de extrañar. Los finlandeses son grandes amantes de la naturaleza.






