Con un sonidazo nítido y una disposición escénica con los cuatro alineados en cinemascópico horizontal (también el batería), Manta Ray idearon un kraut-rock setentero más físico que mental y que dejó flipados a Juanjo y a Pato, seguramente predispuestos por las birras (aquí a 3,5 euros) y por el porro que gorronearon a un presente.
Los gijoneses satisficieron y medraron mediante kraut rock vía Can y tal, ejecutado hasta con estética teutona setentera ('Qué niño soy'), trufado de instros a lo Add N To (X) e inspirado en Morphine, Tangerine Dream, Pink Floyd o Asfalto. Les sobró el bis, un marasmo demodé, sí.





