
TRAYECTORIA
-Publica una novela que ha permanecido en el cajón durante 40 años. ¿Se reconoce en ella?
-Siempre he dicho que mi prosa no tiene prisa. Sabía que la iba a publicar aunque quizá he sido algo injusto dejándola tanto tiempo en un cajón. Pero la he leído ahora y me ha sorprendido comprobar que no se nota el paso del tiempo por ella, que su prosa sigue funcionando. En su momento hubo varias razones que me llevaron a no publicarla; ahora, en cambio, me parece que es el momento de darla a la luz, porque tengo más años y más libros a mis espaldas.
-Es un texto que puede parecer sencillo en un autor que ha sido calificado del 'Joyce español'.
-Yo siempre digo que cada autor es un puzzle con muchas piezas. Ahora que se va a publicar toda mi obra en Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, será una forma de comprobar de dónde vengo y adónde voy. Pero, hablando para lectores de obras mías anteriores, este libro está bastante relacionado con otros como 'Sombreros para Alicia', 'Amores que atan' y 'Monstruario'.
-Los más alejados del experimentalismo que en usted suelen destacar los críticos.
-Me considero un escritor plural que siempre ha preferido primar la historia sobre el juego verbal. Cuando hago juegos de palabras o invento términos es porque pretendo dar intensidad a lo que quiero contar. Lo que me interesa es la creatividad del lenguaje, que es lo que hace reconocibles a los autores. Es lo que une a los verdaderos escritores frente a los productores industriales, que hacen un producto que está bien, ganan dinero con él, pero que es otra cosa. Tanto es así que a veces incluso ganan con las traducciones.
-Su libro está ambientado en Galicia, aunque no se diga expresamente. ¿Usted quiso escribir sobre un lugar concreto o buscaba un relato sobre un ámbito mucho más amplio, sobre un tiempo más que sobre una región?
-En el libro no aparece la palabra Galicia en ningún lugar, efectivamente. Quería hacer una síntesis de un tiempo. Yo era entonces un español que vivía en esa España desolada, respiraba ese ambiente, mamaba la misma lecha amarga de todos en ese tiempo. Creo que está escrito en la clave de todo un país en el que empezaba a perfilarse un cierto cambio. Después de terminarlo me marché a Londres precisamente porque quería alejarme de todo aquello, así que el libro fue algo así como un intento de dejar registrado un estado del alma.
-Ha vivido fuera la mayor parte del tiempo desde entonces. ¿Qué cambios aprecia en mayor medida en España?
-Son tantos que si en vez de venir con cierta frecuencia yo hubiese sufrido por ejemplo un coma y despertara ahora no lo reconocería. Todo es distinto. La juventud lo es de forma radical. Antes no se trataba sólo de un problema político: la opresión lo contamina todo, afecta a todo. Y la literatura está para liberar las cosas. Los grandes autores transforman la represión en expresión. Entre los jóvenes hay autores abiertos al mundo, que viajan y conocen idiomas, que no aceptan fácilmente a los santones fijados por las instituciones. Hay una cierta efervescencia, me parece.
La inmensa minoría
-Usted ha dicho que una persona es indestructible mientras alguien la recuerda. ¿Escribe por eso?
-La ambición del escritor debería ser el afán de construir para que las cosas duren. La literatura está hecha para ser releída. Es lo contrario que el periódico, que se lee una vez. La verdadera ambición del escritor es fijar lo efímero. Eso es lo que hace que Proust sea más importante que los historiadores de su tiempo.
-¿Le importa el calificativo de escritor para minorías que siempre se le adjudica?
-Se escribe para la inmensa minoría, como dijo el poeta. Pero debemos tener la ambición de que esa minoría sea mayor cada vez. Yo soy un corredor de fondo; a mí no se me puede medir en los 100 metros. Suelo citar a veces el caso del 'Ulises', cuya primera edición era de sólo 1.000 ejemplares, y hoy se sigue vendiendo en todo el mundo. En cambio, hay grandes éxitos del momento que son olvidados en muy poco tiempo. En mi caso, 'Amores que atan' tardó cinco años en ser reeditada y apenas sí salieron críticas en los periódicos. En cambio, en EE UU fue elegida una de las novelas del año por 'The New York Times'...
-Con frecuencia se ha quejado de las imitaciones en el mercado literario. ¿A qué se refiere?
-A que el peor enemigo de la literatura es su propio sucedáneo. El productor industrial de entretenimiento ha existido siempre, pero nadie lo tomaba como un gran escritor. Ahora quiere el oro y el laurel y el desastre mayor está en el estrago que causa en el buen gusto. Quien lee a Cortázar o a Joyce disfruta de un placer como el de la buena mesa o la buena cama. Si desaparece la buena literatura, esa capacidad de gozar con ella, es como si nos alimentáramos con pastillas. Si desaparece, una cara del mundo se habrá oscurecido.










