
LO MEJOR
LO PEOR
LAS CLAVES BURGOS
LOGROÑÉS
Sin embargo, este Logroñés no asusta, no mete miedo en ataque. Crea sensación de peligro, al menos ayer, pero por espacio de veinte menos. Luego se diluye, abandona su personalidad, se aturrulla, confunde el camino para alcanzar el gol, se ofusca e interpreta cosas que no son. Y la salvación, además de por no recibir, pasa por generar ocasiones de gol y el conjunto blanquirrojo acumula más de 300 minutos sin marcar uno.
Por eso, durante las próximas semanas Abadía deberá incidir en encontrar el equilibrio entre la defensa y el ataque. Si lo trabaja como viene haciendo con el resto de aspectos, será cuestión de tiempo, porque sí que se atisba una evolución positiva en muchos aspectos, como el de la solvencia en la parcela defensiva.
Y eso que el comienzo del encuentro de ayer ante un rival directo parecía esperanzador. El Logroñés salió a por todas. Consciente de lo que había en juego, el equipo riojano metió al Burgos en su campo. Lo hizo con intensidad, con valentía, con muchas ganas y con cabeza. Con un fútbol práctico, directo, pero con criterio. Con llegadas por banda y con la sensación de ser mejores. La idea era que los castellanos no reaccionaran, que no tuvieran tiempo de amoldarse a un rectángulo de juego excesivamente seco e irregular. Las tres mejores oportunidades fueron un 'centro chut' de Santamaría, una volea de Candelas y un tiro de José que fue alto.
Pero las energías iniciales se fueron gastando y el Burgos, una vez que superó el arranque, se asentó y controló con destreza. La presión de Oya -se emplea al límite, rozando la ilegalidad- empezaba a ser efectiva y tanto Candelas como Jaume, que fue de más a menos en cuanto a su participación -el equipo lo acusó-, ya no distribuían con tanta comodidad. Xabier pasó de estar activo a ser un espectador y los pupilos de Alberto González se estiraban, aunque sin peligro.
Un paso más
El segundo tiempo fue un paso más en lo exhibido minutos antes. El cuadro blanquirrojo no hilvanaba dos pases seguidos -el incesante y cambiante viento también pudo influir- y, pese a un disparo envenenado de Candelas desde la frontal nada más iniciarse este período, la sensación era que el Burgos controlaba la situación. Así fue. Fran y Bayón, centrales burgaleses, no sufrían; Cabezas no tenía problemas para tapar a Santamaría -por qué no busca el regate cerca del área rival en vez de tratar de caracolear a la altura del centro del campo-. Mientras que Gallego -salió por el lesionado Zeki- estaba desubicado, Tomi parecía apagado, José se encontraba aislado en la izquierda y Candelas insistía en perder balones en la zona de creación.
Precisamente de una pérdida suya, el Burgos montó un contragolpe que pudo variar el rumbo del partido. Manolo cedió a Pedro García que le devolvió la pelota de tacón para que el interior zurdo se quedara ante Stef, pero el rumano cerró los huecos, intimidó a su oponente y repelió el esférico con el pie derecho. El Logroñés le puso corazón al final, pero sólo eso. 0 0





