
Defiende a capa y espada las bondades de las 'comunidades de aprendizaje' como la mejor manera de implicar a las familias y demás agentes sociales del barrio -trabajadores voluntarios que arriman el hombro para sacar adelante a los chavales-, pero también deja claro que «no hay política educativa neutra». De lo que se trata es de «imponer una serie de valores porque en estos temas no se puede ser relativista, no todo es bueno».
-¿Qué le parece que el Gobierno vasco apueste tan decididamente por las 'comunidades de aprendizaje'?
-Lo importante siempre -en este y en todos los casos- es la actitud democrática. ¿Se impone? ¿Hay diálogo? Eso sí, los gobiernos deben tener una idea clara de lo que consideran una buena educación. Tienen que ser firmes, no se trata de hablar del tiempo Todo esto es crucial. Y evidentemente no se puede prescindir de la opinión de todas las partes implicadas: padres, alumnos, profesores
-¿Le parece correcto que se pretenda extender esta iniciativa a todo el sistema educativo?
-No creo que haya ningún centro que no se pueda beneficiar, ni siquiera los elitistas. Aunque, claro, no soy un romántico.
-¿En qué sentido?
-La mayoría de los padres de clase media sólo exigen resultados, que sus hijos saquen buenas notas para ir a las mejores universidades.
-¿Y eso no lo quiere todo el mundo?
-Sí, claro. No podemos negar a las familias humildes esa oportunidad ¿Para eso están las 'comunidades de enseñanza'! Deseamos que los alumnos vivan el estudio de otra manera, que se involucren más Eso afecta a las notas para bien. Lo que yo defiendo es la misma implicación de los padres pobres y de los padres ricos. Estos últimos, ¿ya lo creo que participan en la vida diaria de los colegios!
-Según su experiencia, ¿los alumnos deberían estudiar en su lengua materna?
-Por supuesto. Lo contrario les suele perjudicar mucho. Me imagino que no todos los niños vascos hablan euskera, ¿no? Hay que ser sensible a esa realidad. Es un error asumir, sin más ni más, que todo el mundo habla euskera. Ahora bien, entiendo esa reivindicación lingüística y cultural. Me recuerda el caso de Nueva Zelanda: allí el maorí era una lengua que hablaba menos del 5% de la población. Era un idioma que se moría pero, al final, se crearon escuelas donde se podía estudiar en esa lengua. En última instancia, se trata de una cuestión de identidad, ¿no?
-¿Conoce los modelos de 'comunidades de enseñanza' de Finlandia?
-¿Aquello es otro mundo! Sé que es algo extraordinario, pero nada más. No puedo entrar en detalles porque mi bagaje es muy distinto. Vengo de los barrios marginales de Nueva Jersey. Y he ampliado mi formación en países como Brasil, donde las diferencias sociales son abismales, donde el clasismo y el racismo son moneda corriente. Ése es mi recorrido.






